La ciudad y los días

carlos / colón

Taconeando entre ruinas

SI la Europa del Sur va a ser un gigantesco parque temático, y nosotros sus animadores vestidos con peluches folclóricos, que nos lo digan. Pizzas, mucho amore y gondoleros venecianos cantando canciones napolitanas, por un lado; sirtakis, viejas de luto y efebos isleños por otro; y gazpacho, castañetas, toreros, arabismo de quiosco de refrescos y flamenco por el nuestro. Marca Italia, marca Grecia, marca España.

Lo nuestro son los extremos. Entre la reserva espiritual de Occidente y la marca España debe haber un término medio, digo yo. España es algo más que una marca puesta a la venta en el bazar global. Y Sevilla debería ser algo más que el flamenco que se han llevado a Bruselas para promocionar la marca Sevilla bajo ese lema de complejísima metafísica: "Sevilla, un sueño en el alma de Europa". Toma del frasco. Por si las almas no fueran lo suficientemente invisibles y etéreas, nosotros además somos un sueño en un alma. Menos que nada.

Desde hace más de un siglo Sevilla está siendo víctima de una forma cruelísima de encarnizamiento terapéutico. Una muerta a la que pretenden resucitar con sacudidas eléctricas de "grandes eventos" tipo Exposición del 29 o Expo 92; una tonta engañada con el canal Sevilla-Bonanza o lo de la metrópolis del Sur de Europa; una ruina que hubiera podido tener su melancólica belleza si no se hubieran empeñado en zarandearla con estúpidas y catetas barbaridades que le hicieron perder su encanto provinciano sin ganar la potencia vital, energía y posibilidades de una gran ciudad.

Al fin sobrevive del turismo. Y al turismo le atrae lo de siempre: la Giralda, la Catedral, el Alcázar, la Semana Santa, la feria, el flamenco y los bares. Todo con siglos a cuestas. Lo más moderno que se les ofrece son las paellas de fideos tiesos como pelos de estropajo. Para acabar vendiendo tipismo, monumentos disecados y fiestas tradicionales no hacía falta derribar la ciudad en los años 60 y 70, darle un aire de confitería andalucista en los del PA o desfigurarla en ese "film noir" que está resultando ser el mandato de Monteseirín.

¿Por qué no llevan la Orquesta Barroca o a Juan Carlos Rivera para promocionar la gran Sevilla de Mudarra, Morales, Correa de Arauxo o Guerrero? Porque no venden. Y de lo que se trata es de vender ese despojo con taconeo al que llamamos Sevilla al turismo de masas que hace cola ante los tablaos.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios