MANUEL Del Valle, el alcalde que tuvo que soportar las incomodidades de todos los trabajos realizados para la Expo-92 y que a la postre acabaron costándole la Alcaldía al PSOE por no saber explicarle a los sevillanos que los beneficios superarían a las molestias, declaró en una ocasión respecto de las obras y las calicatas que generalmente las cosas se dejaban peor que antes o bien concluían con los restos de arena, cemento y ladrillos abandonados en la calle. Nos viene a la memoria la frase de Del Valle porque, salvando las distancias, lo mismo ha ocurrido con el nuevo puente construido sobre el río para que lo cruce el Metro desde el Aljarafe hasta Sevilla. El estudio batimétrico realizado para tratar de discernir la causa de la salinidad y la turbidez en el Guadalquivir ha revelado que, bajo la lámina del río, los constructores del Metro han dejado los restos de las grandes penínsulas artificiales que, a base de acarreos de grava y arena con camiones, conformaron para sustentar los pilares del nuevo puente. Dicho de otro modo: sólo retiraron la parte emergida de estas penínsulas, de manera que aparentemente las aguas siguen su antiguo curso, pero buena parte del material de relleno se quedó sumergido y formando tapones sospechosos de contribuir a provocar los efectos que ahora traen de cabeza a arroceros, ecologistas y poblaciones ribereñas. La Consejería de Obras Públicas, que debería haber supervisado la ejecución de estos trabajos y la reposición del cauce a su estado natural, dice ahora que dentro del proyecto del nuevo puente estaba previsto el dragado del Guadalquivir, pero que aún no se ha conseguido el permiso de Medio Ambiente. Si el proyecto, que es un todo, fue autorizado incluyendo el dragado final, ¿por qué su ejecución no se realizó al acabarse la obra, hace año y medio en su primera fase y nueve meses en la segunda? ¿Necesita acaso la Consejería de Medio Ambiente tanto tiempo para darle el plácet a un proyecto de la de Obras Públicas? La dejación de la Junta carece de justificación y cabe preguntarse qué habría ocurrido caso de no mediar el estudio batimétrico: si se hubiera dragado el río o se hubiera dejado al albur de la Naturaleza con tal de no encarecer más la factura del Metro.

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