Visto y oído

Antonio Sempere

Telediario

HASTA el Telediario está influenciado por las maneras del España directo. A dónde vamos a llegar. Si vieron el informativo del martes por la noche sabrán a lo que me refiero. Compareció Lorenzo Milá, introduciendo el primero de los titulares, y dio paso al sumario. Pero, en lugar de poner su voz a las imágenes, fueron los propios corresponsales los que resumieron las noticias de la jornada, invitando a los espectadores a que siguiesen sus respectivos relatos un poco más tarde.

Inició la ronda Marisa Rodríguez Palop desde el lugar del norte de Italia donde se había producido esa terrible explosión. A partir de ahí la voz de Lorenzo Milá calló. No hacía ninguna falta. Los propios reporteros encargados de relatar los hechos se ocuparon, también, de ponerles los respectivos titulares. Sólo para la información deportiva regresamos al plató donde Raquel López dio paso al tema del día, la presentación de Kaká.

¿Qué ganamos y qué perdemos con estas modas? Sin duda que hay un incremento del ritmo, casi frenético, en las presentaciones. No es lo mismo sobreimpresionar titulares a unos planos generalmente anodinos, que ver a la reportera de turno enfatizándolos con la alcachofa en la mano. Pero cuidado, porque de ahí a convertir a Gema García, José Carlos Gallardo o María José Ramudo en trasuntos de los reporterillos españadirecteros hay un paso. Ya se sabe. Empiezan contando lo que está pasando a pie de obra, y terminan moviendo las manos y los antebrazos, bien acompasados por el giro de muñecas, como si tuviesen el baile de san Vito. Así de precisa es la coreografía de los reporteros de hoy en día, a pesar de que en las licenciaturas de Comunicación, hasta donde yo sé, no hay ninguna asignatura que desarrolle estas dotes. Pero cuidado.

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