Crónicas Levantistas

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Teoría de los huevos duros sin sal

La pandemia nos ha dejado fatigados de los políticos. La ciencia ha venido a rescatarnos de unos tipos que son prescindibles

El carisma en política está sobrevalorado. Hay embaucadores que arrastraron a las masas hacia la miseria y la guerra, dictadores simpáticos, ególatras populistas, tiranos providenciales. Todos ellos fueron líderes, pero el liderazgo, de por sí, no asegura nada bueno. El magnetismo personal, la empatía e, incluso, las dotes comunicativas aseguran el éxito de un dirigente ante la opinión pública, pero no adelantan una buena gestión. Ahí tiene el contra ejemplo de Mario Draghi, que no va a los platós, no concede entrevistas y sólo habla lo necesario, un huevo duro sin sal en la barroca Italia, el tipo que acabó con toda la verborrea de quienes entendieron que la crisis financiera que comenzó en 2008 se solucionaba con el castigo de aquellos que fueron engañados por los causantes del desastre. En el siglo XXI, en la Europa occidental, no necesitamos héroes homéricos que nos lleven a la batalla, nos bastamos con administradores correctos de la cosa pública. Para lo otro tenemos a los futbolistas, a los grupos de rock, a las estrellas de cine o a los cocineros.

La falta de carisma, y ese es el problema de esta teoría, tampoco se puede considerar una virtud que asegure la buena administración, pero aporta algo de fiabilidad al personaje: si ha llegado a tanto siendo tan soso, es posible que sea realmente bueno. La sal es una mal acompañante.

Juan Espadas comparte con Juanma Moreno un carácter muy alejado de la anterior presidenta de la Junta, que en efecto era líder, buena comunicadora y daba unos abrazos fantásticos sin mirar a quien, pero que no fue una gran gestora, ni en el Gobierno andaluz ni en su partido. La reunión de los juanes el jueves en el Parlamento no es de las que hace saltar los índices de audiencia, eso lo hacían muy bien Pablo Iglesias y Hugo Chávez. El pretendiente al palacio de San Telmo es tan plano como el ocupante, pero ambos sirven.

La pandemia también nos ha dejado fatigados de la política. La ciencia ha venido en rescate de unos tipos que nos han demostrado que no son imprescindibles más allá de que, en efecto, alguien tiene que dirigir. Pero poco más. Juan Espadas ha inaugurado una estrategia que está inédita en España: acercarse al PP para dejar aislado a Vox, una dinámica que rompe con el eje de los dos bloques. Verán, no es que sea ingenuo ni crédulo, Espadas quiere gobernar sin el PP y necesita, además, quitarle a Juanma Moreno el argumento de que carece de apoyos para convocar elecciones anticipadas, pero los consensos se forjan porque ambos contendientes ven más provecho en ir juntos que separados.

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