desde el fénix

José Ramón Del Río

Terrorismo por igual

ME ha sorprendido cómo ha sido acogida por la inmensa mayoría de los comentaristas la noticia de la muerte de Ben Laden. Y no me refiero a la tácita complacencia que se desprende de sus artículos, sino a que ni siquiera los que juegan en la liga europea del progresismo de izquierdas hayan puesto el menor reparo a la circunstancias en que se produjo su muerte: tiroteado por un grupo de élite, cuando se encontraba en su casa, sin mediar provocación por su parte, en ese momento, y sin que previamente hubiere sido juzgado y condenado a muerte por un tribunal constituido al efecto.

No seré yo quien defienda a Ben Laden, al que en estas mismas páginas se le atribuían, en todo el mundo, tantos muertos y heridos que ni el autor del artículo ni yo nos hemos entretenido en sumar. Qué duda cabe de que la comunidad internacional lo había juzgado ya y sentenciado también. Pero a él también le valía la presunción de inocencia y el derecho a un juicio justo, porque esas garantías democráticas son universales y no pueden admitir excepciones. Quizás lo peor de esta muerte, además de ser un asesinato con premeditación y alevosía, sea su inutilidad. Aunque haya sido sepultado en el mar, su sangre ha sido derramada en la tierra de Pakistán y ya es sabido el poder fertilizante que se atribuye a la sangre de los mártires. Al único que le sirve esta muerte, en principio, es al presidente de los Estados Unidos, en franco declive de popularidad y que, ahora, a los ojos de los americanos, se ha convertido en el vengador de la humillación y de las víctimas que les causaron el 11-S.

Me resulta también muy curioso que tantos comentaristas progresistas, que han aceptado de conformidad la ejecución de Ben Laden, al mismo tiempo se muestren escandalizados con el Tribunal Supremo porque por mayoría simple ha denegado a Bildu la presentación a las próximas elecciones. Piden al Tribunal Constitucional que revoque esta decisión y autorice la presentación a las elecciones. En este caso la decisión que impide acudir a las urnas, a los terroristas y a los que van de su mano, la ha tomado quien en nuestro ordenamiento jurídico puede hacerlo y lo ha hecho con todas las garantías procesales. El fundamento para la negativa es la pertenencia de candidatos a una organización terrorista, como es ETA. Por ser un terrorista, Ben Laden es baleado, sin juicio previo. Aquí a otros terroristas se les niega el derecho a ser elegidos concejales y cobrar del erario público y algunos, mientras que pasan en silencio el crimen, protestan por una decisión que toma quien corresponde y con todas las garantías ¿No habíamos quedado ya en que no existían terroristas buenos y terroristas malos?

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