La tribuna económica

Joaquín Aurioles

Test de estrés

YA no hay vuelta atrás y el próximo día 23 conoceremos el resultado de los tests de estrés a los que el Comité Europeo de Supervisores Bancarios ha sometido al conjunto de la banca europea. Conoceremos incluso el de los bancos alemanes, que si bien todavía podrían echar mano de algún artificio legal para impedir su publicación, no es probable que lo utilicen, si no quieren señalarse y quedar al margen de la explosión de transparencia informativa que se espera para dentro de dos semanas, sobre todo porque la mayor expectación está en torno a la fortaleza de la banca española y de los bancos alemanes participados por el sector público.

Se espera, en todo caso, que los resultados sean muy positivos para ambos. Para la banca española porque así lo ha dejado caer el subgobernador del Banco de España en un curso de verano en Santander y porque el gran impulsor de la segunda oleada y de la publicación de los resultados ha sido precisamente el Gobierno español. Así que cabe esperar que, salvo instinto suicida hasta ahora desconocido, la imagen del sector financiero español saldrá reforzada de la prueba y es posible que, como señalaba The Wall Street Journal, el conocimiento preciso de la verdadera capacidad de resistencia a la crisis ayude a restaurar la confianza en el sector, y a través del él en el conjunto de los mercados, a facilitar su capitalización e incluso a marcar un cambio de inflexión definitivo en el transcurrir de la crisis financiera.

Para muchos especialistas, la publicación de los tests de estrés en Europa podría tener una trascendencia todavía mayor de la que en su momento tuvo en Estados Unidos, a pesar de las tensiones que en algún caso concreto podrían provocar. Es lo que cabe deducir de la prudencia con que el Banco Central Europeo se ha referido al tema hasta el momento y a otros dos hechos aparentemente significativos. Uno es el ofrecimiento por parte del Comisario Europeo de Asuntos Económicos de los recursos del fondo de estabilidad financiera a las entidades a las entidades y a los países con problemas para superar las pruebas. El otro es la reunión convocada por el BCE a los bancos de la zona euro, tan sólo un par de días antes de la publicación de los tests y que suena a intento de garantizar el orden y la prudencia en su interpretación.

En cualquier caso, todos los analistas coinciden que el principal riesgo que puede derivarse de la publicación es que llegase a conocerse que el método empleado no ha sido lo suficientemente exigente en el diseño de los escenarios de crisis, especialmente en los supuestos de pérdida de valor de la deuda pública soberana en poder de los bancos. Todo parece indicar que esta posibilidad está descartada y que a partir de aquí todo son ventajas, sobre todo si, como sugiere Morgan Stanley, la publicación se aprovecha para: (a) mejorar la transparencia, para lo cual sería conveniente disponer de la información individualizada por entidades; (b) recuperar la credibilidad, que puede verse afectada por el rigor en la metodología de medición; y (c) el diseño de una estrategia de capitalización coherente con las conclusiones del test.

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