Las dos orillas

josé Joaquín / león

Tiempo sin ideas claras

ADEMÁS de una crisis económica, en España tenemos un gran problema político. El caso de Cataluña es la punta del iceberg. El problema se debe, en gran medida, a que los políticos españoles carecen de ideas claras. Desde el acuerdo de la Constitución de 1978 han pasado más de 30 años. Ya no estamos en la España de Suárez, Felipe, Fraga y Carrillo. Ni siquiera en la Cataluña de Jordi Pujol, aunque él siga por ahí. ¿Haría falta una Segunda Transición? No es descabellado pensarlo.

La mayoría de las políticas actuales no van a ninguna parte, tan sólo a callejones sin salida, a perder el tiempo. El mejor ejemplo es Cataluña, un disparate donde nada es lo que parece y donde ya se recula a marchas forzadas. El documento soberanista del derecho a decidir confirma lo que se sabía. Artur Mas, tras no conseguir la mayoría absoluta que pidió, se ha echado en brazos de Oriol Junqueras. Pero a ERC lo que más le interesa no es la independencia de Cataluña, sino prolongar la trifulca actual todo lo que pueda, en la creencia de que eso le dará más votos.

Junqueras fue el primero en pedir la dimisión de Duran Lleida por el caso Pallarols. Es un caso de financiación irregular, con matices inaceptables. Pero hay que huir de fariseísmos. En los primeros tiempos de la democracia (y, en algunos casos, después) todos los partidos fueron financiados de diversas maneras raras. Nadie puede tirar la primera piedra. PP y PSOE se unieron a la petición de dimisión de Duran, hasta que se dieron cuenta de que era un intento de ERC para liquidar al que más les estorba en Cataluña, porque es nacionalista pero no independentista. Cargarse ahora a Duran no es lo más inteligente.

También se están dando cuenta en el PSOE y en IU que una Cataluña independiente sería la tumba electoral de la izquierda en España durante una larga temporada. Por razones matemáticas, pero también políticas. Así que ahora el PSC de Pere Navarro, y asimismo la ICV de Joan Herrera, juegan a la ambigüedad; están a favor del derecho a decidir, pero no de la independencia. Es decir, aspiran a decidir otro modelo de Estado sin irse del todo. Pero en Cataluña tampoco quieren ser como La Rioja o Murcia. Ahí es donde entra lo del federalismo, lo de la Segunda Transición y el final del café para todos. Ahí es donde Andalucía debe estar expectante, o nos darán coba. Como no hay ideas claras, adivinar hacia donde vamos es difícil.

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