Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Tiempo perdido

Espadas asume el liderazgo del PSOE andaluz sin que el partido haya aprendido la lección que supuso salir del poder en 2019

Como estaba previsto, Juan Espadas es desde el pasado viernes el líder indiscutible y, por ahora, indiscutido del socialismo andaluz. Pero el PSOE que recoge de Susana Díaz es apenas una tenue sombra de la enorme maquinaria de poder que controló todos los resortes políticos y muchos de los sociales y económicos de Andalucía durante casi cuatro décadas. Ese poderoso entramado empezó a diseñarse para ocupar -en el sentido más preciso del término- la autonomía incluso antes de que ésta estuviese constituida. El PSOE, gracias a la visión y el pragmatismo del hoy muy ausente Rafael Escuredo, se dotó de señas de identidad andaluza que nunca había tenido e hizo la carambola de hacerse al mismo tiempo con el espacio de la izquierda moderada y del andalucismo. Con José Rodríguez de la Borbolla la Junta y el PSOE empezaron a ser la misma cosa y el Gobierno andaluz cogió peso institucional. En el largo periodo de Manuel Chaves esa identidad entre autonomía y partido se hizo aun más intensa y fue la época de la omnipresencia de la Junta en todos los aspectos de la vida de los andaluces, hasta los más nimios. José Antonio Griñán significó, debido fundamentalmente pero no sólo a los ERE, la implosión de un modelo que hasta entonces había sido garantía de éxito. Finalmente, el periodo de Susana Díaz en San Telmo y en el liderazgo del partido fue el de la pérdida de credibilidad social y el de la desconexión con cientos de miles de andaluces que hasta entonces no habían concebido otra forma de gobierno que la que representaban las siglas del PSOE. El colofón fue la pérdida de la Junta en diciembre de 2018 y todo lo que ha venido después.

Espadas llega al liderazgo socialista con el partido en un estado de ánimo más que bajo y sin que los más de dos años largos en la oposición le hayan servido para otra cosa que ahondar en sus males. Susana Díaz, que debe pensar todavía que todo lo que le ha pasado es un mal sueño del que antes o después se despertará, no aprendió nunca la lección que supuso la salida de la Junta y no hizo nada para adaptar el partido al nuevo papel social que le tocaba jugar. Estaba demasiado ocupada en los pulsos internos y ella había sido educada en la cultura de un partido que no contemplaba la derrota. Mucho tiempo perdido que ahora Juan Espadas difícilmente va a tener ocasión de recuperar. La tarea que le queda por delante es tan intensa como complicada. Cuenta con una ventaja de salida: el partido está de momento pacificado y lo dejará trabajar hasta las elecciones sean cuando sean. Pero en el PSOE, como en el resto de los partidos, derribar liderazgos tras una derrota en las urnas es algo más que el deporte favorito. Y Juan Espadas, si pierde, no será una excepción. Hay muchas heridas todavía abiertas.

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