Fragmentos

Juan Ruesga Navarro

Tiempos de esperpento

AL llegar este último cambio de siglo algunos pensamos, quizás ingenuamente o porque así lo deseábamos, que había quedado atrás para siempre la España que nos contaba Francisco de Goya en los grabados y pinturas negras. La España castiza y deformada de Ramón del Valle Inclán. El expresionismo ibérico de las pinturas y grabados de José Gutierrez Solana en sus carnavales y prostíbulos. La España de aguafuerte de los guiones de Rafael Azcona. La España que nos hacía reír por no llorar de Luis García Berlanga. La España de la caricatura hiriente del gaditano Andrés Vázquez de Sola. Pero no ha sido así. Han bastado unos años de escasez, y ya llevamos los siete de vacas flacas de los sueños del faraón, para que debajo de los brillos y ropajes aparecieran nuestras miserias seculares. Así lo ha debido sentir Andrés Rábago, conocido primero como OPS y ahora como El Roto, que entronca con toda la tradición de artistas antes mencionados. Cada una de sus actuales viñetas nos enfrenta a diario con la realidad española.

Vivimos en la España de los desahucios, los comedores sociales, el desempleo y las vergonzantes pensiones de viudedad. Del fracaso escolar. De los jóvenes universitarios emigrados o en paro. De los colegios abiertos en verano para cubrir una o dos comidas diarias a los niños. Una España en la que los Bancos de Alimentos y Cáritas son instituciones valoradas socialmente por su labor. En la que surgen programas de televisión para tratar casos de necesidad. Y como telón de fondo de toda esta dura realidad los trazos gruesos de la corrupción política y las irregularidades en las instituciones. El descreimiento ciudadano de todo lo que no sea sus seres queridos, su familia y poco más. Y como una broma pesada, a modo de túnel del tiempo, los medios de comunicación nos hablan de Gibraltar, de los millones de turistas, de las inclemencias del tiempo, los incendios forestales y la gota fría. La memoria es frágil, pero para eso están las hemerotecas.

Aguantamos porque los padres saben que sus hijos tendrán un puesto escolar, comida incluida. Porque sí enferman van a ser atendidos en un hospital. Porque funciona la solidaridad familiar. Porque muchos españoles jóvenes, y no tanto, han dado el paso de ser autónomos o crear microempresas, casi autoempleo. Ojalá todo esto nos aporte virtudes sociales que podíamos haber olvidado. Que el individualismo hedonista que nos caracterizaba en los últimos años de paso a cierta austeridad social de la que no haya que avergonzarse.

Los artistas, los poetas, tienen una especie de antena parabólica especial en sus cabezas, que les permiten captar señales, sentimientos y emociones que nos trasmiten en sus obras. Y esa especial sensibilidad muchas veces no les permite vivir mirando para otro lado. Goya, Valle, Solana, todos ellos nos lo advirtieron, nos retrataron en sus obras. No quiero pensar que de nuevo Max Estrella morirá abandonado de todos en una noche cualquiera. No quiero estremecerme contemplando como este país, a modo de un gigantesco Saturno goyesco, va devorando uno a uno a todos sus hijos.

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