La ciudad y los días

Carlos Colón

'Tocata y fuga... de Lolita'

EL alcalde se siente más respaldado que nunca. "Cuando el ex presidente Chaves y el propio presidente Griñán han dicho públicamente en los órganos del partido que nuestro trabajo se merece el apoyo del partido, sólo con eso hay un bagaje suficiente como para afrontar el futuro con muchísima ilusión y muchísimo empeño". Esto ha dicho, como un Gustavín rebosante de satisfacción porque el director del colegio y el profesor le han felicitado ante todos los niños. Que en realidad tenga los lápices mordisqueados y sin punta, el plumier lleno de tinta de un bolígrafo reventado, los libros pintarrajeados y los cuadernos con borrones, no importa. En el colegio de los partidos los niños aplicados nunca son los primeros.

¿Que le apoyan los órganos del partido? Pues como si le apoyaran los de la Catedral, el Salvador, los Venerables y hasta el mismísimo Ayarra, Maestro Mayor de Pedales, Tubos y Teclados hispalenses; como si Correa de Arauxo le hubiera dedicado su Facultad orgánica, Cabezón su Obras de música para tecla, arpa y vihuela (el bueno de don Antonio sí se lo hubiera podido dedicar: era ciego) y Bach su Tocata y Fuga. Porque este señor tan satisfecho de sí mismo está dejando Sevilla de Tocata y fuga, si, pero de Lolita, como se llamaba aquella inmarchitable película de Amparo Muñoz y Arturo Fernández. Es decir, está dejando Sevilla de cine cutre y verde de los años 70, de plexiglás y duralex, de laca y poliéster de camisa Tervilor. Es la vieja y superada mentalidad de la eufórica América de principios de los 60 que cifraba su felicidad en lo artificial, tan bien retratada en esa frase de una película cuyo título no recuerdo: "Deben ser muy pobres, porque tienen todos los muebles de madera", dicen unos niños al salir de la acogedora casa de unos ancianos. Según su mentalidad la madera o el cuero representaban la pobreza y lo viejo; y el plástico y las tapicerías sintéticas, la modernidad y la prosperidad.

Esta concepción ya rancia y siempre hortera de lo moderno es la que explica las aberraciones de la Encarnación, la Alameda o la Torre Pelli. Y la satisfacción del alcalde, convencido de que sus proyectos han acabado contando incluso con el reconocimiento de personas que en principio fueron escépticas. También los alcaldes de los derribos y las mareas negras creían estar modernizando la ciudad; y la mayoría de los sevillanos tan contentos de que donde había vetustos palacios se alzaran grandes almacenes y sus coches no dieran saltitos. Así eran. Así son. ¿Apoyo de los órganos del partido? Será de los que tocan la Tocata y fuga de Lolita.

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