¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Torneo, otra vez

Esperemos que esta vez el proyecto de Torneo vaya acompañado de un plan de conservación

Hay un libro que no debería faltar en la biblioteca de todo curioso de las cosas y asuntos de la ciudad: el Diccionario histórico de las calles de Sevilla. El problema es que está agotado y los libreros de viejo piden por él un potosí con un brillo en los ojos que da miedo. La edición de estos tres tomos fue una auténtica epopeya colectiva en la que intervinieron historiadores, urbanistas, arquitectos, geógrafos, antropólogos... y, hoy por hoy, sigue siendo una obra de referencia para bucear en el proceso de conformación del denso tramado urbano de la urbe. Mientras el Ayuntamiento y la Junta (coeditores de la criatura) se deciden a resucitarla, hay un truco que no falla: teclear su título en Google y esperar a que surjan del hades de internet los pdf que muy gentilmente nos ofrece la administración autonómica. Valga esta perorata para decir que por este Diccionario nos enteramos de que, pese a que nos remite a un mundo medieval y heroico, el nombre de la calle Torneo es relativamente moderno y está vinculado a aquel PGOU sin anestesia que fue para Sevilla el derribo de sus murallas, producto de las nuevas ideas urbanísticas burguesas del XIX. Primero, sus diferentes tramos se denominaron de diferentes formas según la época: Ingenio, San Juan, Bib Arragel, Almenilla, Patín de las Damas, Blanquillo... La pluralidad, por lo visto, era la norma antes de que llegase el centralismo municipal a imponer el homogeneizador rótulo de Torneo.

La cerca almohade sería sustituida por el llamado dogal ferroviario, esa pinza que tenía sus remates en las estaciones de Córdoba y Cádiz y que, por su lado oeste, aisló a la ciudad del río. Nuestros recuerdos de aquella vía no son muy buenos: un infierno dantesco de contaminación y ruido con unos muros decorados por unas pinturas escolares de áspero sabor maoísta. La Expo acabó con todo eso -y bien que hizo- para dejarnos un paseo moderno y luminoso (aunque algo duro), abierto a una dársena también recuperada en este sector de la ciudad gracias el empeño visionario de gentes como el arquitecto Antonio Barrionuevo. Después vino lo de siempre: la desidia, el abandono, la mugre... Los periódicos, en sus reportajes veraniegos para rellenar páginas, incluían todos los años un recuento de losetas rotas, baches, desperfectos, pintadas, jeringuillas, etcétera. Pues bien, ahora, el Ayuntamiento, dentro de esa fiebre anunciadora propia de cualquier recta final electoral, deja caer un proyecto de rehabilitación a lo grande, con plazas, pérgolas, miradores y hasta cargadores de móviles solares... Nos conformaríamos con menos si esta vez se contempla la conservación y mantenimiento del paseo, que es donde casi siempre se estrellan las fantasías municipales. Torneo vuelve a tener una oportunidad. Más vale no desaprovecharla.

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