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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Triana descubre mares

Gracias al Rocío de Triana los niños descubren el mar y mares de ternura. Y el del amor infinito de Dios

En la fotografía se ve a dos niños acuclillados en la playa, muy cerca de la orilla, con la mirada fija en la hermosa inmensidad azul. El mayorcito sujeta por un brazo al más pequeño. Están asombrados porque es la primera vez que ven el mar. Los niños que estos días llenan las playas no lo miran así, como el espectáculo asombroso que es. Se han acostumbrado a él. Hay que cumplir muchos años para adquirir la sabiduría que permite ver con asombro agradecido las bellezas que la rutina hace parecer normales. Un amanecer, un árbol, una noche estrellada, el mar… O hay que tener la mirada no erosionada por la costumbre de estos dos niños que lo descubren de golpe, como algo asombroso. Imposible saber qué sintieron cuando se enfrentaron al infinito océano azul. "¡Mira, el agua no se acaba!", le dijo uno a otro, viendo como las mansas olas se sucedían interminablemente sobre la fina arena de la playa del Coto.

Son niños de las colonias de verano del Rocío de Triana, que estos días viven la experiencia -que muchas veces la vida y la sociedad les han negado- de descubrir este y otro mares tan inmensos e inagotables como el que tan asombrados ha dejado a estos dos pequeños. Mares de cariño, solidaridad, amistad, ternura, amor, acogimiento y confianza que se abren como la esperanza de una vida mejor ante los 182 niños cuidados por 75 monitores y voluntarios. Y quizás, también, el mar del amor infinito de Dios que siempre abre la posibilidad de un nuevo comienzo. No por medio de palabras, sino de esas obras por las que el Hijo de la Virgen del Rocío dijo que se conoce a los suyos. Obras que no terminan tras estos días porque la Hermandad hace seguimiento de los niños. Esta es una de las verdades hondas del Rocío de Triana. Una de tantas, como la Fundación Rocío de Triana, una residencia y centro ocupacional de adultos con discapacidad intelectual que no pueden permanecer con su familia o carecen de ella.

Verdades del Rocío. La fe sin obras está muerta. El amor abstracto es palabrería. Dios exige un amor actuante y concreto. Escribió Martin Buber: "Sólo si amo a este o aquel hombre concreto mi relación con él puede elevarse hasta esa forma de relación sostenida por el sentimiento de todo mi ser que puedo llamar amor". Así aman a cada uno de estos 182 niños los monitores y voluntarios de Triana, como mis amigos Esperanza y Gerardo. Esto es el Rocío, señores. No se equivoque nadie.

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