La tribuna

Emilio Díaz Berenguer

Turismo y cambio climático

ES hora de tomar la delantera. Si esperamos, pronto estaremos al pairo de especuladores interesados cuyas comunicaciones públicas incidirán de forma crucial sobre la realidad de Andalucía como destino turístico.

Corremos el peligro de pensar y, lo que es peor, actuar, como si los problemas que puede acarrear el cambio climático fueran de exclusiva gestión medioambiental, y nada más lejos de la verdad. En el caso del sector turístico no sólo nos afecta la realidad del cambio climático, sino que al día de hoy la percepción sobre el mismo puede ser aún más perjudicial, especialmente en algunas actividades, como en el caso de los alojamientos, que exigen un periodo de amortización de las inversiones muy largo.

Tanto las instituciones públicas, como las empresas y sus asociaciones no están demostrando demasiada sensibilidad con el tema. Seguimos trabajando para el día a día, o, como mucho, para la temporada, pero sin conciencia de que podemos estar hipotecando el futuro. Se habla de sostenibildad, pero se emplea más como si fuera una marca que lleva asociada la calidad que como una condición que debería primar tanto como la viabilidad técnica y económica de los proyectos.

Que si Plan General de Turismo Sostenible 2008- 2011 -cajón de sastre que no sólo no tiene nada que ver con la sostenibilidad del turismo, sino que desgasta el término y afecta a la credibilidad de los ciudadanos-, que si Estrategia de Turismo Sostenible, como si todo lo que fuese turismo de interior se pudiera asociar a proyectos sostenibles, por no hablar de los programas de tipo provincial o local, etc.

Tras esta gestión poco responsable de la oferta, viene una promoción de los destinos en los que hablar de sostenibildad es, hoy por hoy, inimaginable. Si la ausencia de consistencia en términos de gestión global de oferta y demanda no existe, aún mucho menos en esta materia. Sería un lujo, deben opinar algunos. Lo importante es sólo la ocupación hotelera.

Todo esto por no hablar del empresariado turístico. ¿Cambio de qué?, dicen algunos gestores privados, aunque los grandes inversores que realmente se juegan sus euros, o sus dólares, ya han introducido esta variable en sus condicionantes inversores, no lo olvidemos, sabedores de que más pronto que tarde se verán salpicados por todo lo que implica el cambio climático.

La Organización Mundial del Turismo, desde la primera Conferencia en Djerba, Túnez, en 2003, hasta la última reunión en Bali a finales de 2007, pasando por la Conferencia de Davos y la Cumbre de los ministros de Turismo en Londres, ambas en este mismo año 2007, viene enviando mensajes contundentes de la necesidad de avanzar sobre los problemas que está empezando a generar el cambio climático en el turismo y las perspectivas negativas, para lo que se debe actuar con tensión y sin concesión a la duda en esta materia.

La Organización Mundial del Turismo, con relación a la contribución del turismo a las causas del cambio climático, sostiene la necesidad de adoptar medidas urgentes para su mitigación. Expresa en sus comunicados que "si bien la preocupación por los efectos contaminantes del turismo cubre todos los aspectos de la actividad turística, el principal punto en relación con el cambio climático es el de las emisiones de gases de efecto invernadero que generan el consumo por parte de los viajeros de servicios de transporte (especialmente de transporte terrestre y aéreo) y el consumo de energía en los establecimientos turísticos (por ejemplo, el aire acondicionado, la calefacción y la iluminación de los hoteles). En una esfera más amplia como es la de la sostenibilidad del turismo, el elevado consumo de agua per capita en el turismo, la eficiencia energética, los problemas de la gestión de residuos y los efectos que el turismo tiene en la flora y la fauna deberían tomarse en consideración. El sector turístico tiene la responsabilidad de minimizar las emisiones nocivas".

Según las investigaciones realizadas por la OMT en asociación con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), las emisiones de CO2 procedentes del turismo internacional, incluidos todos los medios de transporte, fueron responsables de poco menos de 5 % del total mundial, es decir, 1.307 millones de toneladas en 2005.

Una de las conclusiones es que el transporte es responsable de 75% del total de las emisiones del sector turístico, del que el transporte aéreo representa cerca del 40% de las emisiones del sector, el transporte por carretera el 32 %, y otras formas de transporte el 3%. La creación de un Observatorio sobre Cambio Climático y Turismo en el Mediterráneo ofrecería una herramienta de política del conocimiento y la innovación que Andalucía podría liderar en ambas orillas. Si no lo hacemos nosotros, otros lo harán.

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