Tussam en la ruina

Si en otoño aparece una segunda oleada de contagios, los autobuses van a tener menos futuro que la Canina

Entre los negocios que han salido tocados (y casi hundidos) en la crisis del coronavirus, está el transporte público urbano. Según los datos facilitados por el Ayuntamiento, Tussam ha perdido más de 14 millones de euros durante el periodo del confinamiento. Si bebes, no conduzcas; y si estás encerrado, no viajes. Los sevillanos no podían estar en misa (con las iglesias cerradas) y repicando. Así que Tussam se quedó sin Semana Santa y sin Feria, como tantos negocios de Sevilla; y se ha quedado en los huesos, como tantos negocios de Sevilla; y se le viene una buena ruina encima, como a tantos negocios de Sevilla. Porque lo peor está por llegar. ¿O era al revés?

Lo peor es el mensaje que han recibido los ciudadanos. No los ciudadanos alarmados de Inés Arrimadas, Juan Marín y Álvaro Pimentel, sino los que viajaban en los autobuses y en el tranvía llamado Metrocentro. Ese tranvía que el alcalde, Juan Espadas, prometió alargar hasta la estación de Santa Justa, y puede que hasta el aeropuerto, algún día, si hay fondos de Bruselas, o algo de eso. En Bruselas no sé si son tontos, pero no tanto, y entenderán que en Sevilla hay otras prioridades.

El futuro del autobús público urbano va a depender mucho de Pedro y el lobo del coronavirus. Si en otoño aparece una segunda oleada de contagios, va a tener menos futuro que la Canina. Porque el mensaje que percibió la gente fue sencillo y claro: no viajéis en transporte público, que es lo más contagioso. Se llegó a decir: mejor que los trabajadores esenciales viajen en sus vehículos particulares. Cuando ya había mascarillas en las farmacias, se ha exigido que si dos o más viajan en un automóvil y no conviven en la misma casa (por lo que se excluye al amiguito o la amiguita) usen mascarillas, como si fuera un transporte público. Antes de eso, yo he visto criaturas sin mascarillas a bordo del tranvía, incluso en la Plaza Nueva, frente al Ayuntamiento. Y a conductores de autobuses echando un cigarrito, porque no tenían viajeros para viajar. Todo triste.

También se le ha dado aire a las bicicletas y los patinetes, que algunos expertos consideran saludables. En tu patinete tampoco pagas el bonobús. Ni siquiera en la bicicleta, que a partir de ciertas franjas horarias del doctor Simón (ya abolidas por el mando único) era un vehículo de paseo, mientras que durante el resto del día no se podía pasear, pero sí usarla como medio de transporte saludable y alternativo. Bueno, saludable, depende; hay que medir miasmas y distancias sociales.

Resumiendo, que todas las medidas del mando eran para arruinar a Tussam.

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