Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Unai y su problema con los dientes de sierra

QUIZÁS lo menos plausible en la trayectoria de Unai Emery como gestor del banquillo sevillista sea lo rica que es en dientes de sierra. Con la racha tan buena que llevaba y que encontró su cima en el valioso y merecido empate en el Calderón, sendas derrotas ante dos rivales claramente inferiores le devuelve a las andadas. Demasiado pecado esos seis goles encajados frente a dos equipos con tan poco gol como son Levante y Málaga.

Resulta sorprendente que un sistema defensivo tan recuperado como pudo verse en Madrid se resquebrajase como se resquebrajó ante la poco más que aguerrida tropa de Caparrós y cómo se desmoronó por culpa de unos embates malaguistas más propiciados por el corazón que por la cabeza. Y por esta falta de continuidad es por donde puede cuestionarse el buen trabajo de un buen entrenador, porque no creo que pueda dudarse de la capacidad profesional de Unai.

¿Será el problema eso tan habitual de los ataques de entrenador? Ataques de entrenador hemos visto tantos que a estas alturas del partido lo extraño es dar con un técnico que no sufra de esos puntos caprichosos. Aquí se ha llegado a ver la milonga de alguno que ponía un equipo en la Liga y otro en Europa cuando puede comprobarse que la plantilla no daba ni siquiera para uno. Y ahí está la tabla para abortar cualquier tipo de discusión, disparidad, controversia o así.

A Unai se le criticaba, sobre todo, por la retrasada posición de Rakitic a la par que se ponderaba el rendimiento que le sacaba a esa estrategia tan bien trabajada en el laboratorio de la carretera de Utrera. Ahora, dos malísimos resultados han resucitado a unos fantasmas que eran demasiado familiares hasta aquel punto de inflexión que fue el regalo de Beto la noche del Celta. Demasiados dientes de sierra para un equipo obligado a estar en Europa para no perecer de asfixia.

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