Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Unai utiliza la lisonja para poner pies en pared

HUBO un tiempo en que se llegó a decir que todas las madres con hijas casaderas entregarían la cuchara con tal de convertirse en la suegra de Emilio Butragueño. Rubio y de modales refinados, incluso en la cancha era de comportamiento envidiablemente ejemplar. Vamos, un espejo en que mirarse sus coetáneos y un posible yerno muy deseable. Y ahora le ha surgido un émulo según el leal saber y entender del entrenador del Sevilla.

Lo mismo que se decía del Buitre se ha extrapolado gracias a las ganas que tiene Unai Emery de que Jesús Navas no abandone el Sevilla; al menos, me imagino, durante el tiempo que el vasco permanezca en el banquillo local del Sánchez Pizjuán. Ha dicho Unai que metería a Jesús en su cama, en la de Unai, para conservarlo a su lado y que toda mujer con una hija de veinticinco años desea al palaciego como yerno. Y lo cierto es que resulta comprensible viendo su rol en el equipo.

No me he parado a analizar si hay algún otro jugador con tanta incidencia en su equipo como Navas. Hombre, sí, ya sé que Messi, Cristiano y Falcao tienen aún más trascendencia que el sevillista en sus casas, pero que el 7 del Sevilla significa una barbaridad en lo que hace su equipo a ver quién lo discute. Y todo viene a cuento porque su continuidad ya no está tan reafirmada como antes, pues el chico, aun tardíamente, ha abierto los ojos y ve las cosas de otra manera.

Y, además, él mismo se ha encargado de entreabrir una puerta que estaba herméticamente cerrada. Se dan en este caso dos datos determinantes. Uno es que se ha hecho ciudadano del mundo a fuer de airearse con la selección y otro es que sabe que la situación económica del Sevilla no hace aconsejable la continuidad, que la vida profesional no es tan larga como llevar la filantropía hasta sus últimas consecuencias. Y, claro, así Unai dice lo que ayer dijo de su joya más brillante.

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