crónica personal

Pilar Cernuda

Urdangarín en el punto de mira

SE encuentra en el punto de mira de quienes investigan importantes casos de presunta corrupción en Baleares y Valencia, las ramificaciones del Palma Arena y las jornadas Valencia Summit. En La Zarzuela guardan un prudente silencio, y con toda certeza se siguen con tristeza más que con intranquilidad las informaciones relacionadas con las empresas de Iñaki Urdangarín, empresas hoy analizadas tan exhaustivamente por la Policía Judicial que incluso una de ellas ha sido registrada concienzudamente en busca de documentos que pudieran aportar pruebas sobre presunta malversación de fondos públicos y tráfico de influencias.

Las investigaciones judiciales, así como las informaciones sobre esas investigaciones, demuestran que nadie tiene bula en este país, ni siquiera el yerno del Rey. Nadie de la Casa Real ha pedido silencio, ningún portavoz ha salido al paso y no se han producido llamadas de atención a los medios para que no publicaran noticias sobre el caso Noos. La única señal de que en la Familia Real se sienten incómodos ante el alarde con el que se presentan algunas informaciones ha sido que la infanta Elena, asistente habitual a la fiesta que celebra una revista perteneciente a un grupo editorial muy crítico con Urdangarín, este año decidió excusar su presencia.

Todos somos iguales ante la ley, es la lectura positiva que se puede hacer a las noticias en torno a Urdangarín. La única lectura positiva. Con seguridad los Reyes lo están pasando mal, así como el resto de la Familia Real. Ser miembro de esa familia supone muchos privilegios, pero las obligaciones están al nivel de esos privilegios. Urdangarín, como ciudadano de a pie, podría tener una carrera empresarial importante, pero como yerno del Rey no puede emprender determinadas iniciativas, aunque no sea más que para impedir que la sola pronunciación de su nombre abra puertas que a cualquier competidor le estarían cerradas. Don Juan Carlos pidió hace un año a su hija Elena que cancelara la inscripción y por tanto la actividad de una empresa inmobiliaria y de servicios que había creado con un buen amigo que además ha sido su secretario durante muchos años. No quería el Rey que cualquier actividad de esa empresa pudiera poner en riesgo la imagen de la Corona.

Tanto la infanta Elena como la infanta Cristina trabajan en empresas españolas de gran envergadura, Mapfre y La Caixa, ligadas las dos a sus respectivas fundaciones y dedicadas por tanto a obras de tipo social y cultural. A Urdangarín se le obligó a abandonar su actividad empresarial y se le encontró trabajo en Washington en otra gran empresa española, Telefónica. Las informaciones indican que, si hubiera incumplido la ley, podría ser condenado a varios años de prisión. La peor de las noticias para la Familia Real y para la infanta Cristina.

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