Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Sin el VAR podía creerse en el error humano

El artilugio ha logrado que la autenticidad que prometía haya derivado a feas manipulaciones

Siempre me mostré reticente ante la llegada de la tecnología al fútbol y no porque no crea en esa faceta de progreso que es el avance técnico sino porque no me fío un pelo de la mano del hombre. No me refiero al hombre como especie, sino al manipulador que contamina cuanto toca y a ver quién me contradice en este apartado viendo lo que estamos viendo. Por todo ello, no sólo me proclamo objetor del VAR, sino que rezo por su supresión.

Prefiero creer que el error arbitral es sólo un error humano que pensar lo que pienso en estos momentos de errores groseros y que no se subsanan porque no le da la gana a la dupla que manipula los partidos. El juez de campo y el que se atrinchera ridículamente vestido de árbitro en el VOR forman un equipo que huele a corrupción a la legua. Y es tras comprobarse cómo el VAR se utiliza al gusto del consumidor, cómo se escudriña a veces y cómo ni se consulta en otros casos.

Ya estoy de acuerdo con Jorge Valdano como objetor del VAR desde la primera hora, desde antes de instaurarse. El fútbol ha perdido autenticidad y lo ha hecho precisamente cuando se buscaba credibilidad con la instrumentalización técnica. Antañazo cabía la posibilidad de creer en el error humano. Los interminables debates postpartido en un tercer tiempo muy caldeado se circunscribían a la sospecha de una mala intención rayana en la prevaricación, sólo a la sospecha.

Ahora, cuando suceden hechos como el de Balaídos el sábado, cuando un atropello en regla dentro del área es justamente castigado, resulta incomprensible no sólo que se revoque, sino que simplemente se consulte. O lo del Madrid-Getafe, con los mismos intérpretes e idéntica infracción, en cada área tengan distinto tratamiento. Parecía que el VAR iba a traer igualdad en los tratamientos arbitrales, pero la mano del hombre lo ha corrompido tanto ya que no es creíble.

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