Las dos orillas

José Joaquín León

Vacaciones en El Algarrobico

PARA entender cabalmente el caso del polémico hotel sito en la playa almeriense de El Algarrobico, lo primero que recomiendo es verlo in situ. Es un bonito viaje al Parque Natural de Cabo de Gata, dependiente de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Yo, que me había bañado en esa playa, próxima a Carboneras, cuando era un paraje solitario y virginal, regresé años después, y cuando divisé aquel mamotreto hotelero, junto a la arena, en un lugar antaño salvaje, le dije a mi mujer:

-Paz, esto es la guerra. Ya se han cargado este pueblo por el otro lado.

En la dirección de Carboneras a Almería, los humos de la central térmica contrastan con el paraje idílico de la playa de los Muertos, elegida este verano "la más bonita de España" por un magazine dominical. La más bonita será si miras a poniente, porque si miras a levante es para caerte al suelo, viendo lo que se ve, que lo hicieron a principio de los años 80 y ya no tiene remedio.

Pero, en tiempos del gobierno del PSOE en la Junta, se cargaron el paisaje en la dirección de Mojácar, siendo alcalde de Carboneras Cristóbal Fernández, casualmente del mismo partido que la Junta, y casualmente condenado e inhabilitado por un delito electoral, aunque fue indultado por el Gobierno, en una polémica decisión, y después multado por calumnias al juez que lo condenó. Un personaje curioso este alcalde, que ha defendido a capa y espada el hotel, argumentando que su pueblo necesita ese aporte de riqueza, sin reparar en otros detalles menores, como que destroza el paisaje de un parque natural.

Pero este hotel recibió licencia. Ese es el problema. Y la consiguió porque se la dieron el Ayuntamiento de Carboneras y la Junta de Andalucía, que después se arrepintió. Un juez de Almería, Jesús Rivera, ha apreciado posibles delitos de prevaricación del Ayuntamiento y la Junta. No obstante, esta observación del juez es una "opinión personal y literaria", según dijo la cervantina consejera de Medio Ambiente, Cinta Castillo, que es nueva en el caso de El Algarrobico. Tiene más documentación su antecesora, Fuensanta Coves, parlamentaria andaluza por Almería, aunque esta nueva consejera literaria entenderá mucho de Rinconete y Cortadillo.

Lo que más me llamó la atención de este hotel, la primera vez, no fue sólo que hubieran construido un monstruo urbanístico casi bañado por las olas, sino que alteraron el paisaje, aplanando el terreno donde se asienta. Era una barbaridad enorme, que se completa con el mapa oficial del parque, delimitado a la carta para excluirlo.

Si Greenpeace no hubiera montado el numerito, ya lo hubiéramos visto en los folletos para las vacaciones de verano.

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