PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Veinte años bien sonoros en Sevilla gracias a la Sinfónica

EL 10 de enero de 1991 tuvo lugar el primer concierto de la Orquesta Sinfónica de Sevilla. Veinte años después de aquella memorable noche en el Teatro Lope de Vega, la Sinfónica ensaya hoy con el Ballet de la Ópera de Munich la interpretación de La bella durmiente del bosque, de Tchaikovsky, que llenará desde mañana el aforo del Teatro de la Maestranza durante cinco días consecutivos. Buena demostración de que se han materializado los objetivos de ese proyecto cultural: que Sevilla tuviera una orquesta de nivel internacional para incardinar ese nivel en la vida cotidiana de la ciudad.

Desde el emocionado recuerdo a quienes ya fallecieron y tanto aportaron a ponerla en pie con calidad (su director fundacional, el croata Vjekoslav Sutej; el compositor y catedrático Manuel Castillo; y Juan Carlos Moreno, su entusiasta divulgador), hay que reavivar el ambicioso espíritu de sus inicios. El que impelía a Pedro Navarro Imberlón y Bernardo Bueno desde la política, y a Francisco Senra y José Manuel Delgado desde la gestión de la orquesta, a no conformarse con cumplir el expediente de crear una sinfónica de andar por casa. El desafío histórico daba alas para superar las limitaciones y las incomprensiones de un proyecto que superaba con mucho el intento capitaneado por el mismísimo Manuel de Falla hace 90 años: la Orquesta Bética de Cámara. Ahora el enemigo no es una guerra civil, sino los recortes presupuestarios perpetrados por políticos que no están a la altura de la Sinfónica y que minusvaloran su potencial en favor de la catalogada Ciudad de la Música por la Unesco.

En 1991, aún sólo era un sueño que esa orquesta sonaría de maravilla en el escenario teniendo a directores invitados como Yuri Temírkanov, y que entusiasmaría desde el foso haciendo nada menos que Tristán e Isolda, bajo la batuta de Pedro Halffter. Le quedan muchos clásicos del siglo XX por divulgar en Sevilla, obras de Stravinsky, Britten, Messiaen, Shostakovich y otros autores de los que ya ha interpretado algunas partituras y a los que debe volver, igual que siempre es bienvenida la relectura de Mahler o Verdi. Ojalá las iniciativas pedagógicas Adopta un músico y Produce una ópera, que se han puesto en marcha junto a colegios e institutos con motivo de su vigésimo aniversario, consagren la imprescindible simbiosis entre sociedad y cultura que reduzca paulatinamente la cifra de sevillanos que son refractarios a la creación e interpretación musical, y que todavía no se han dignado en ir a un concierto de la Sinfónica y disfrutar con toda naturalidad.

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