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Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

Velador no, barra sí

En Sevilla había 14.077 veladores en 2016, ahora hay 8.839. Sí, para algunos todo un genocidio

Sabido es que la fiebre hay que rebajarla. Sí, atravesamos una época en la que es necesario repetir obviedades. Algo que se daba por hecho se ha olvidado o se ignora. En el colmo del disparate, hasta se llega a sostener lo contrario. Buena parte del sentido común se ha esfumado y cabe preguntarse si no habrá sido para siempre. Ocurre con lo más cotidiano, no hablamos de asuntos extraordinarios.

Hay situaciones en la ciudad que, lejos de pasar por una moda efímera, una novedad pasajera, se prolongan como un virus incontrolable. El fenómeno no se gestiona adecuadamente en su momento, se le deja crecer, no se le ponen límites, únicamente se le ven -y se proclaman, y quien diga lo contrario es tachado de cenizo inmovilista contrario a la prosperidad- "efectos beneficiosos", que en muchos casos no es más que un eufemismo con el que camuflar la codicia mientras se sigue aquella máxima berlusconiana: "Todo no es suficiente". Y si hace falta se transgreden las normas, incluso con ayuda gubernamental. Unos se fuman un puro y los otros miran para otro lado. Negocio redondo.

Algo así ha ocurrido durante los últimos años en esta ciudad con los veladores. Siendo como es Sevilla tan proclive a la exageración, no extrañan las cifras. De los que se han instalado a lo largo de todo este tiempo y de los que se han ido desinstalando. Es como si brotaran por generación espontánea, en cualquier parte, algunos como la mala hierba. Toda una fiebre muy alta de veladores que hay que rebajar. Y así el Ayuntamiento llega con un plan defoliante soltando su particular agente naranja contra mesas y sillas que ocupan la vía pública de forma... ilegal, alegal... Con el consiguiente llanto y crujir de dientes, con los vituperios de rigor contra los funcionarios municipales, con la crítica escocida, y con el aplauso cobista (que también).

Y es que nos mola un boom. Y nos flipa una burbuja. Lo primero -de lo que la RAE recuerda que es el "éxito o auge repentino de algo"- es la onomatopeya de una explosión. Circunstancia que no suele traer nada bueno, me temo. Y lo segundo es algo que también acaba desapareciendo, puf, aunque ésta sin hacer ningún ruido, en silencio pero también letalmente, algo que ha generado expectativas que no se cumplen y que lejos de proporcionar aquellos beneficios de los que hablábamos al principio han causado graves perjuicios. Quizá en esa inconsistencia misma radique la naturaleza de esos veladores que proliferaron -y lo siguen haciendo- en Sevilla: había 14.077 en 2016, en la actualidad hay 8.839. Sí, para algunos todo un genocidio.

Quién sabe si es por eso por lo que uno prefiere la robustez de una barra, la solidez de un mostrador. Ah, y la cuenta con tiza.

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