La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Veladores, de Juanón a Juanillo

Muerto el perro se acabó la rabia, eso está claro, pero un perro al año no hace daño. Es más, aunque ahora haya sobredosis canina, el perro sigue siendo el mejor amigo del hombre; a veces, el único. Viene a cuento por el pendulazo de quitar los veladores que han inundado ciertos puntos de Sevilla, la Campana entre ellos. Lo que fuese considerado el corazón de la ciudad ha sido invadido por los veladores en clara transgresión de la norma que hará que paguen justos por pecadores. Y entre los justos, la confitería de toda la vida está en las señas de identidad de la Campana con sus veladores y su canesú. Es como si en la veneciana plaza de San Marco le quitas los veladores a la romántica cafetería Lavena, que aquello quedaría parcialmente desnudo, o si dejas a la romana Piazza Navona sin sitio donde sentarse a ver pasar el tiempo. Ni Juanón ni Juanillo, caramba.

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