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La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Verano de reloj parado, qué delicia

Pasear por esa palma de la mano que es Cádiz sigue siendo de los más gratificantes placeres que te ofrece la vida. Cada vez que viene al pelo repito eso de dejar el coche en el Parque Genovés y adentrarme en la Tacita de Plata Mentidero arriba y así hasta la Catedral. Y se me viene a la sesera cómo cundía aquel veraneo de reloj parado al más puro estilo gadita. Merienda en La Camelia, caballitas en La Caleta, copa en aquel Sao Borja que montaron los futbolistas Andrés y Sol, el Pay Pay para un crapuleo de andar por casa de los que ya no quedan. La otra tarde hice una incursión gaditana desde mi retiro playero y volví con las pilas cargadas para un tiempo largo. Cuando uno se sumerge en esas calles y se para en el Manteca como trámite previo a la barra del Faro, los sentidos se disparan y hasta comienza ahí la cuenta atrás para repetir el placer de volver a la Tacita.

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