Crónica Personal

Pilar / cernuda

Vergüenza

COMO mujer que pertenece a una generación en la que las mujeres hemos peleado todo lo que hemos podido y más para que se reconozca que tenemos capacidad para llegar allá a donde pueden llegar los hombres; como mujer que siente orgullo de los resultados de esa pelea todavía inacabada porque aún queda por recorrer, pero lo recorreremos; y como mujer que también siente orgullo por lo que ha significado social y políticamente ese cambio, confieso indignación, y sobre todo vergüenza, ante unas mujeres que consideran feminismo la falta de respeto, la ordinariez, la vulgaridad , el exhibicionismo y la denuncia convertida en espectáculo de pésimo gusto.

Como mujer que critica que todavía no se sienten en los despachos de poder tantas mujeres como son merecedoras de ocupar altos cargos, que critica aún más que a igual trabajo no siempre se corresponda igual salario, y que se siente muy bien cuando ve que a pesar de que no están todas sí han llegado unas cuantas a lo más alto porque han demostrado que estaban preparadas para asumir determinadas responsabilidades -a muchos de los hombres no se les exige tanto ni de lejos- hace meses recibió con satisfacción la noticia de que un grupo de mujeres pertenecientes a Femen se manifestaban en un país islamista para exigir que las mujeres fueran tratadas no ya igual que los hombres, sino simplemente como seres humanos. Y sintió admiración por el coraje de ese grupo que se jugaba la vida en países en los que las mujeres que protestan son apartadas de la sociedad, lapidadas o castigadas con penas aún peores.

Que Femen se dedique ahora a mostrar torsos desnudos como fórmula de protesta para convertirse así en foco de atención dice poco de ese grupo que empezó con tanta valentía sus denuncias. Que ahora haya intentado agredir a un cardenal cuando se disponía a participar en un oficio religioso, que le insultaran, trataran de humillarle intentando colocar unas bragas manchadas sobre su cabeza, que se mostraran con el torso desnudo ante el prelado con frases soeces, pronunciando gritos irreverentes, es algo que desmerece a los movimientos feminista que se han dejado la piel para dignificar el papel de la mujeres en tiempos pasados. Provoca indignación a quienes seriamente y con rigor han dedicado su vida a defender la igualdad entre mujeres y hombres o a quienes simplemente han luchado por esa igualdad individualmente. Y desde luego hace daño a quienes son contrarios a la reforma de la ley del aborto y quieren expresar su oposición de forma seria y sin tremendismos.

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