crónica personal

Pilar Cernuda

Vía libre a la reforma laboral

ESTÁ en vigor desde hace dos semanas, pero hasta ahora no había sido convalidada por el Congreso de los Diputados y al Gobierno hay que reconocerle el mérito de haber conseguido el respaldo de CiU, Foro de Asturias y UPN a pesar de que no necesitaba apoyos ajenos gracias a su amplia mayoría absoluta. Si le han apoyado tres partidos con representación parlamentaria es por la convicción de esos partidos de que se trata de una ley aceptable, no porque hayan pedido contraprestaciones a cambio de los votos.

No gusta la ley al PSOE y tampoco a los sindicatos. Se contaba con ello. El PSOE le ha opuesto la proa a la reforma del PP desde el primer momento, la considera perjudicial para los trabajadores y cree que facilita el despido, independientemente de que está en su papel de hacer oposición. Lo que ocurre es que el PSOE no tiene muchos argumentos para criticarla: no fue capaz de negociar con los sindicatos la que proponía Zapatero, de ahí que no tenga mucho sentido que critique al Gobierno por esa falta de negociación, y además cualquiera de sus consideraciones sobre destrucción de empleo se viene abajo, porque durante siete años largos de gobierno el equipo de Zapatero fue absolutamente incapaz no ya de crear trabajo, sino de evitar la sangría que suponen para España la destrucción de millones de puestos de trabajo.

¿Que recogen esos criterios muchas de las reivindicaciones de los empresarios? Pues sí, es cierto, pero son los empresarios los que crean empleo. Sólo lo crean ellos y las administraciones públicas, con el capítulo aparte que merecen los autónomos. En cuanto a las fórmulas del despido, el "abaratamiento" que dice el PSOE, no hay más que analizar las condiciones de contratación y despido de los países europeos para comprobar que con esta reforma España mantiene las condiciones más duras para proceder al despido, con las mayores indemnizaciones. Y sin embargo, dobla la media de paro del resto de los países de la UE, lo que significa que era absolutamente necesario dar una vuelta a esas condiciones porque en caso contrario los empresarios seguirían mostrando su reticencia a formalizar contratos de larga duración. Y no digamos ya contratos indefinidos. Porque les iba la supervivencia en ello: docenas de miles de empresas españolas han sido reacias a ampliar plantillas porque, en caso de dificultades, no contarían con los fondos necesarios para hacer frente a los despidos. Son multitud los pequeños y medianos empresarios que han vendido todos sus bienes, incluidas sus viviendas, para liquidar sus empresas pagando a los trabajadores lo que marcaba la ley.

No es la mejor reforma laboral del mundo. Pero es una reforma que nos acerca a las de países que han creado empleo y que no tienen a un cuarto de sus ciudadanos en edad laboral en la cola del paro.

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