Rincones con encanto

Luis Carlis Peris

Vía para el mayor gozo baratillero

Muchos son los cortejos que van por Arfe, pero la mayor apoteosis sucederá hoy con el Baratillo.

CORAZÓN del Arenal, arteria fundamental para que la Semana Santa de Sevilla cabalgue a lomos del pretérito hacia un pujante presente. Calle Arfe que se hace apoteosis cuando las cofradías de Triana vuelven camino del arrabal y guarda, pero con una explosión de vida incalculable cuando esta noche venga de la Catedral la cofradía del Baratillo. Será entonces, en ese momento en que el miércoles tiende a ser jueves, cuando esta vieja sede de carniceros, pescaderos, mesoneros o toneleros se venga imparablemente arriba y el Arenal se entregue a esa amorosa Piedad que lleva al Hijo muerto en sus brazos.

La calle Arfe tomó su nombre en memoria del orfebre leonés Juan de Arfe y Villafañe, autor, entre muchas otras obras, de la Custodia de la Catedral, la que pasea en la luminosa mañana del Corpus por la zona aledaña a la seo. Es en 1859 cuando toma dicho nombre y fue calle de Pescaderías desde el Siglo XV y del Pescado en el XVIII por la cantidad de comercios de ese ramo que entonces estaban en las próximas Atarazanas y que posteriormente se instalarían en la vía que nos ocupa.

Esta calle se empieza a formar en el Siglo XIV extramuros y como parte principal del barrio de la Carretería, reducto urbano de los varios que conforman el populoso Arenal de Sevilla. Calle de trazado sinuoso, es el cordón umbilical que une la Puerta del Arenal con el Postigo del Aceite y antes que las pescaderías que vivían al rebufo de las Atarazanas ya hubo allí carnicerías, mesones y almacenes, mayoritariamente de bacalao, alimento básico para la época. Y en todos esos comercios se utilizaba la parte alta como viviendas y los anexos como accesorias.

A mediados del XIX se abre el paso que comunica con Federico Sánchez Bedoya, a la sazón calle Bayona. Y no será éste el único paso abierto entre el caserío de esa acera de los impares, ya que en el muy reciente año de 1974 se construye el que comunica Arfe con el antiguo Colegio de San Miguel del Cabildo Catedral para unir Arfe con la Avenida de la Constitución mediante la Plaza del Cabildo.

Dicen los libros que fue Arfe la primera calle sevillana que contó con husillos y sumideros, alcantarillado que data del Siglo XV y que es considerada obra muy adelantada en aquel tiempo de pozos negros y de canalizaciones a flor de tierra de las aguas residuales. Y es que era ésta zona de gran pulso vital, entre otras cosas por ser de las pocas puertas de la muralla que no cerraban de noche y también porque era el eje que comunicaba a la ciudad con el Puerto del Guadalquivir.

En esta calle, sobre todo en la zona aledaña al Postigo del Aceite, queda constancia de la existencia de varios retablos de vírgenes. Y así, las advocaciones de Encarnación, Socorro o Concepción tuvieron sus lugares preeminentes en calle de tanto trasiego humano. También hubo allí junto al Postigo, en el Siglo XVIII, un retablo del Cristo de la Sangre, imagen gótica que bien puede ser la que se conserva en la Capilla del Baratillo.

Otro aspecto por el que se distinguió Arfe fue por la importancia que adquirió cuando en 1812 se produjo la invasión francesa. La situación de esta calle como acceso al centro de la ciudad a través de la Puerta del Arenal y del Postigo le daba un alto valor estratégico, de ahí que escenificase muchas y sangrientas refriegas entre invadidos e invasores. La trascendencia de la calle Arfe en la historia de Sevilla es, por tanto, indudable.

La renovación más reciente en su trazado urbano corresponde a la construcción de un mercado de abastos en el centro de la calle, en su punto sur, el que da al Postigo y a las Atarazanas. Una construcción de 1927 que bifurca la calle en su final y que se ha convertido en la actual Lonja de Artesanía. Como dato de interés general, el que al lado de esa Lonja se encuentre el excelso puesto de calentitos de la inolvidable Juana Goyguru y que hoy regenta su sobrina Ángela.

Es, a grandes trazos, un recorrido por la historia de una arteria fundamental en la vida y en el comercio de la ciudad, pero que adquiere importancia vital cuando llegan los días señalaítos en general y este Miércoles Santo en particular. Y ese día ha llegado, aunque ya hayan pasado cosas en días anteriores, que Arfe ya fue hollada por los cortejos trianeros de la Estrella y San Gonzalo con todo lo que la trianeridad conlleva, también por la gente del Tiro de Línea y del Despojado, pero nada comparado con lo que rodea por allí a la cofradía baratillera.

Ahí es donde se rompen los adentros, con el maravilloso y señorial paso de la Piedad abriéndose camino entre una marea humana que va multiplicándose según acaba Arfe y está asomando Adriano en plena Puerta del Arenal. Y después, la torerísima Virgen de la Caridad con aroma del Guadalquivir a los sones de lo que le brotó de las entrañas a Paco Lola. Será este suceso cuando el miércoles ya sea jueves, el día más largo, cuando Sevilla parezca Triana y Triana no pueda negar que es Sevilla por los cuatro costados. Calle Arfe, vía del gozo, Arenal de Sevilla, Baratillo, casi nada...

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