hoja de ruta

Ignacio Martínez

Viajar es una bendición

CUANDO el profesor López Barneo fue la primera vez a Harvard hace treinta años y vio su biblioteca, con la documentación científica que atesoraba, pensó que sería imposible ponerse al día en las universidades españolas. Pero después vino internet y los archivos on line con las publicaciones más especializadas del mundo se pusieron al alcance de un ratón, para alivio de este gran científico andaluz y sus colegas. Eso sí, los investigadores españoles se siguen yendo al extranjero; se calcula que unos mil al año. Norteamérica es uno de los destinos preferidos de nuestros jóvenes científicos para hacer una estancia de posdoctorado. Ya lo era antes de la crisis. El problema ahora es que la mayor parte de ellos no se plantean regresar. No le pasa sólo a los científicos; también le ocurre a arquitectos e ingenieros, que buscan en Alemania, Francia o el Reino Unido las oportunidades que no encuentran en su país.

Antes de la crisis, los empresarios andaluces que tenían oficinas, filiales o negocios en el extranjero tenían muchas dificultades para reclutar personal que enviar por el mundo. La gente se resistía. Eso ha cambiado por completo en la actualidad. Y si no fuese por la descapitalización de los mejores talentos de la nación, no sólo no sería un problema, sino una ventaja. El problema surge cuando no vuelven. Acoger inmigrantes con diplomas universitarios y alta preparación, como ocurre en Estados Unidos, siempre ha sido envidiado en Europa. Lo contrario, la fuga de cerebros, que ha costado una fortuna formar, es un drama para un país. Para paliarlo en la medida de lo posible, la Junta de Andalucía creó en 2007 un sistema de becas bien dotado, llamado Talentia, para realizar posgrados en grandes universidades de todo el mundo. Este curso se han convocado 300. Los beneficiarios están obligados por contrato a trabajar en Andalucía o para una empresa andaluza durante cuatro de los seis años posteriores a la finalización del programa académico.

En todo caso, sea cual sea el motivo, viajar es una bendición. Aunque es un hábito al que estamos poco acostumbrados los españoles. Uno de cada diez no ha salido nunca de su provincia, un 15% se ha movido siempre dentro de su región natal, y casi la mitad en su vida ha viajado al extranjero. De la otra mitad que ha salido de las fronteras nacionales, muy pocos lo han hecho para estudiar o para hacer negocios, dos actividades muy saludables para el futuro de una sociedad, escasamente un 7% en ambos casos. Cuatro de cada cinco viajeros lo han hecho por ocio o para visitar a parientes y amigos. Los catalanes, navarros, vascos y madrileños son los que más viajan a otros países. Y los castellano manchegos, murcianos y andaluces los que menos. El subdesarrollo no sólo se mide en términos de PIB. O quizá sea al revés, el PIB condiciona mucho el desarrollo.

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