Cosas que pasan

Ricardo Castillejo

Viktor & Rolf exhiben en París nuevas transparenciasBiografías sin arcoíris

Loewe y Jean Paul Gaultier fueron los protagonistas ayer de la Semana de la Moda de París, con sendos brillantes desfiles, en una jornada en la que también destacó la firma holandesa Viktor & Rolf, con nuevas osadas transparencias para el próximo otoño. Estos diseñadores han dado importancia a botas altas de charol, a los abrigos de pieles y fluidos de satén, junto a los tejidos vaporosos predominando el tono negro (foto).

El modisto israelí Alber Elbaz celebraba también sus diez años de vida artística en Lanvin, con un desfile muy aplaudido con sus apuestas minimalistas.

El riesgo corrió a cargo de del japonés Junya Watanabe con la americana masculina adaptada a la mujer.

Llevo, desde el viernes por la noche, pensando en Judy Garland. Bueno, en ella y en todas y todos los que, como ella, logran alcanzar la cúspide de la fama para, tras la mirada pública, esconder infernales vidas personales que, día tras día, les conducen a inframundos de drogas y alcohol. Grandes mitos del mundo del espectáculo -y otros terrenos como el arte, la literatura, la medicina o hasta la política- que pasan a la historia por sus aportaciones a la humanidad y que, a pesar de eso, no logran controlar sus desordenados apetitos. ¿Será necesario para encontrar el reconocimiento pasar por el desequilibrio personal? ¿Es parte del precio que hay que pagar?

Desde Edith Piaf a Chavela Vargas. Desde Vivian Leigh a Marilyn Monroe. Desde Michael Jackson a la fallecida recientemente, Whitney Houston. El listado sería interminable y en él no podríamos dejar atrás otros nombres como los de James Dean, Mongomery Clift, Michael Douglas, Drew Barrymore, Macaulay Culkin... o, insisto, la mencionada madre de Liza Minelly -a la que igual tendríamos que incluir en esta relación-.

Gracias a la interpretación de Natalia Dicenta en Al final del arcoíris, Judy ha vuelto para recordarnos su lado más "canalla" y divertido pero también para advertirnos de que, esa popularidad con la que muchos sueñan, posee un peligroso lado oscuro. Brillante, haciendo gala de una voz privilegiada, y dominando la escena como pocas, la hija de otra grande, Lola Herrera, nos hace, revistiendo de humanidad a su personaje del "Olimpo de los dioses", reflexionar sobre muchas cosas pero, de entre todas, hay una que me queda especialmente clara pues, aunque parezca que no tenemos salida, siempre existe algún resquicio abierto para empezar de nuevo. La protagonista de El mago de Oz lo tuvo cuando, ante el ofrecimiento de cuidarla del pianista de su último espectáculo, optó por seguir y precipitarse al vacío. A veces, es más fácil dejarse caer que plantarle cara a la adversidad.

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