Antonio brea

Historiador

Vinos y solomillo

Distintos medios hablan de una nueva edad de oro para los trabajadores por cuenta ajena

En los últimos meses, distintos medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros, han difundido teorías acerca de la proximidad de una nueva edad de oro para los trabajadores por cuenta ajena, en la que éstos obtendrán de los empresarios unos convenios salariales mucho más generosos que los actuales. Deducciones basadas en una supuesta proliferación de ofertas cada vez más atractivas por parte de empresas británicas y alemanas, ante la creciente escasez de mano de obra.

Paralelamente, también surgen informaciones sobre una tendencia a la relocalización industrial, como reversión de una prolongada deslocalización y que respondería al incremento de costes y trabas que afecta al transporte internacional de mercancías.

Sobre el primero de estos fenómenos, cabe cuestionarnos si se trata de un hecho coyuntural, ligado a la menor circulación migratoria causada por el Brexit y el parcial encauzamiento del caos en Siria e Iraq. En cuanto al segundo, no parece del todo claro si será nuestro continente el receptor a medio plazo o si, por el contrario, el proceso no pasará de un puntual traslado de determinadas fases productivas, desde la lejana Asia Oriental hacia países como Marruecos o Turquía.

A lo que hay que añadir que en cuanto uno sale a la calle y habla con la gente corriente sobre sus problemas cotidianos, constata la existencia de realidades muy diferentes, lo que invita a ser cautos a la hora de sacar conclusiones estructurales sobre estas nuevas y llamativas tendencias de la economía mundial.

Así, durante una velada con un grupo de amigos de edades diversas, celebrada en un tabanco de vocación jerezana, ubicado en el centro de Sevilla, el benjamín de la reunión nos describió su experiencia en una industria española que presume de proporcionar numerosos empleos y participar con éxito en los mercados exteriores.

El indignado orador, titulado universitario reducido al papel de mero técnico, contaba cómo un alto porcentaje de su sueldo lo retiene la ETT a la que le debe el puesto, condenándolo a la condición de mileurista, al que ni siquiera se le abonan los pluses adecuados a las características y horario de su actividad.

Este leve viso decimonónico, y no otro, es el que hoy impera entre las sociedades que, para poder ser competitivas frente a las firmas beneficiadas por el régimen de explotación laboral asiático, se ven abocadas a mantener en mínimos los derechos de sus empleados.

Escuchando al compañero de mesa, pensé además en la futura acogida de millones de jóvenes foráneos, de acuerdo a las previsiones anunciadas por Pedro Sánchez sobre la España de 2050. Potencial garantía para la constitución de un nuevo proletariado, dispuesto a asumir condiciones que, aun inaceptables para una amplia mayoría de población autóctona, serían siempre preferibles a las de su lugar de origen.

Pesimista reflexión que, en un ejercicio de prudencia, opté por callar para no aguar la noche y enjugarla, por contra, con otra ronda de vinos y una suculenta ración de solomillo.

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