La esquina

Viraje histórico en el Norte

POCOS adjetivos nos parecen más devaluados que el de "histórico". Por el uso y, sobre todo, por el abuso que se hace de ellos. Se nos gastó lo histórico de tanto utilizarlo para definir sucesos menores y naderías con ínfulas de perennidad. Corremos el peligro de que cuando estemos de verdad ante un acontecimiento histórico nos pase desapercibido.

Un acontecimiento realmente histórico ha tenido lugar esta semana en el País Vasco: el pacto suscrito por socialistas y populares para terminar con la hegemonía del nacionalismo, que duraba ya treinta años. La nueva mayoría se plasmó el viernes, con la elección como presidenta del Parlamento de Vitoria de una joven diputada del PP muy conservadora, de la generación de Miguel Ángel Blanco, y se visualizará del todo dentro de cuatro semanas, cuando Patxi López (PSOE) sea elegido primer lehendakari inequívocamente constitucionalista de la Euskadi autonómica.

Pero lo importante es el pacto, más que las personas, porque el pacto expresa la firme voluntad de los dos grandes partidos nacionales de garantizar la democracia en la única comunidad de España en la que el miedo, la violencia y la coacción se la han hurtado cotidianamente a una parte de los ciudadanos. El acuerdo tiene una prioridad: la derrota de ETA, que se concreta en el reforzamiento de los medios antiterroristas de la Ertzaintza, el apoyo a las víctimas, la eliminación de los espacios de impunidad de la banda y sus cómplices (se acabarán los homenajes a etarras, la asfixiante simbología callejera y el dinero público para las asociaciones de presos que no condenen la violencia) y se consagra la idea-matriz de que ETA no obtendrá rédito político de sus crímenes o de la decisión de pararlos.

Completan este programa de regeneración democrática el reconocimiento de la Constitución y el Estatuto de Guernica como el doble marco institucional en el que se habrá de desarrollar la dialéctica Gobierno vasco-Gobierno español, sin soberanismo, la derogación de los decretos que imponían el euskera como lengua vehicular en las enseñanza primaria y media y la confirmación del derecho de los padres a elegir la lengua en que serán educados sus hijos, y la reforma de la radiotelevisión pública para que sea espejo de una sociedad plural y no instrumento de propaganda nacionalista ni refugio de organizaciones ilegales. Por fin habrá un mapa del tiempo de las tres provincias vascas, sin la agregación impostora de Navarra y las provincias vascofrancesas del ensueño nacionalista.

Ibarretxe anda aprobando decretos de última hora para hacerle difícil la vida al futuro gobierno vasco y los sindicatos nacionalistas ya le han convocado una huelga general. En realidad, lo histórico no es que gobierne Patxi López. Sería histórico que tuviera éxito.

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