Ojo de pez

pablo / bujalance

La Virgen condecorada

TAL vez para desquitarse de la catástrofe de Ceuta, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, decidió hace unos días conceder la Medalla de Oro al Mérito Policial con carácter honorífico (la máxima condecoración del cuerpo) a María Santísima del Amor, titular de la Real, Excelentísima, Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Culto y Procesión de Nuestro Padre Jesús El Rico de Málaga. Aunque el reconocimiento se dirige a la cofradía por su defensa de valores como "la dedicación, el desvelo, la solidaridad y el sacrificio", compartidos con la Policía, la orden ministerial señala expresamente a "Nuestra Señora María Santísima del Amor" como objeto del homenaje en representación de todos los hermanos. La medida ha llamado la atención de muchos (una campaña en la red solicita el mismo mérito para Mortadelo y Filemón, y ayer ya se habían recogido más de 16.000 firmas), aunque, bien mirado, la novedad es poca. A estas alturas, ya sabíamos de las inclinaciones piadosas de Fernández Díaz y de los muchos e históricos vínculos que mantienen las fuerzas armadas y las imágenes protagonistas de la Semana Santa. Y no hay ningún problema con ello. Pero conviene hacer algunos apuntes, aunque nos metamos en un lío.

Tampoco descubriríamos la fórmula de la Coca-Cola (con perdón) si nos liáramos a hablar de la pervivencia del nacionalcatolicismo. E imagino que los agentes de la Policía, tan pragmáticos ellos, prefieren la colaboración de personas de carne y hueso, por si acaso. Pero el quid aquí es otro. Es cierto que desde el siglo IV la imagen de la Virgen María ha sido engalanada y condecorada a diestro y a siniestro, y que quien ha tenido más poder y más dinero lo ha demostrado enterrando a la Madre de Dios en oro. Pero también es cierto que la misma imagen de María tiene un significado muy especial para gran parte de los cristianos: la mujer que dice "Hágase en mí según tu palabra" representa un ideal de humanidad, la que se vacía del yo para llenarse del . La que confiere sentido al darse. Y la que convierte esta donación en algo sagrado. Así que igual algún cristiano de esos que quedan por ahí podría opinar que el ministro haría bien en colgar la medallita en otra parte. Que la Virgen María es algo más serio. Y más respetuoso.

Perdonen este arrebato iconoclasta. Pero no hay peligro. De aquí a nada las calles volverán a llenarse de Vírgenes condecoradas y la Iglesia dará otro visto bueno, con tal de no irritar a las cofradías. La civilización europea era esto. Mucha talla y poco corazón.

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