Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Vocerío

POR un momento parecía el montaje Urtain de Animalario, pero no, era el ring de La Voz, la puesta en escena de estas 'batallas' que han terminado de cribar el panorama. El talent show de Telecinco dio en el clavo con las audiciones a ciegas, con los coaches, los monitores, con el histrionismo a calzón quitado, y con los propios aspirantes (feos, altos, bajos, buenos cantantes, donantes de gallos inclusive) entregándose a su propio destino. Después han tenido que batirse en duelo y a partir de ahora forman parte de una selección al límite. La Voz tiene un pellizco de serie y un tanto de ficción: en fin, es un buen programa de telerrealidad musical, con personajes como ese Paco Arrojo que es de la familia, que lo hemos visto en casi todos los espacios de aspiraciones estelares. El público quiere historias vivas, gente a la que admirar y tipos con los que sorprenderse. Si se le sirve en plato llano, sin complicaciones añadidas, la audiencia hinca el diente al filete en do mayor.

Las miradas se centraban en principio en Bisbal, con sus muecas algo excesivas y su bondad rebosante, para terminar en Melendi, un tipo alejado de sus chistes aéreos. No defraudan. Ni Malú, ni Rosario, ni los añadidos como Tiziano Ferro. Jesús Vázquez ahora inicia su papel de presentador eficaz, tras ser el jaleador de familiares. Esperemos que no vuelva a meter la pata como hacía en OT con Risto Mejide. Su rol no pasa por ser la madre de los participantes. Este Vázquez, mal guiado durante unos años, parece que vuelve a reencontrarse con el público y ha tenido el acierto de llegar a un formato cuajado en sus versiones foráneas. En España gana en espontaneidad y los coaches y participantes no sufren de histerismo competitivo como sucede en otros países.

Del Reino Unido hemos importado la marisabidilla Agatha Christie-Cocleta de Gran Hotel. Nos quedamos con Ayala.

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