Por montera

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Ziha

ZIHA vive como quiere. Cuando le pregunté por cuáles eran sus proyectos en el futuro, tratando de provocarle una reflexión mínima, me respondió que lo que deseaba era viajar. Sólo viajar. No está mal, en absoluto, puesto que viajando se conoce la realidad del mundo que construyen los individuos. Sabemos que hay miles de mundos formados por el hambre que sufren millones de seres humanos injustificadamente, de ciudades donde sus habitantes no tienen no sólo una ciudad, sino, un humilde hogar. Viajando podemos disfrutar de la belleza de las construcciones que identifican cada destino, delatando sus diversas culturas y así cultivar nuestro espíritu. Pero Ziha, tiene sus destinos muy claros y están muy lejos de nuestra realidad porque no tiene interés en conocer más mundos que aquellos que están habitados por la riqueza. Sí. Hay un mundo de ricos y para los ricos. Destinos con sol y calor permanente donde, al vivir éstas del turismo, las ofertas son carísimas de soportar (para los mundanos) más de una semana de vacaciones después de haber ahorrado lo indecible. Ziha es rica. Bueno: lo es su padre. Ella no ha cumplido los veintidós años y llega a clase en un coche privado. Me atrevería a decir que si le pregunto a Ziha por la dirección de su escuela no sabría responderme, como no supo responder a su profesor de inglés dónde había celebrado su fiesta de Halloween. ¿Por qué? Porque Ziha no hace el mínimo esfuerzo por memorizar nada. Y ese es parte del poder que te debe aportar el ser rico. Ya se pincha botox en su cara, sus pestañas son postizas y la raya superior de los ojos que nos pintamos cada mañana las mujeres para tratar de intensificar nuestra mirada, ella ya se los ha tatuado. Los chinos, los que pueden permitírselo, se operan de dos cosas principalmente: de los párpados y de la nariz. Quieren tener los ojos como los europeos así como la nariz. Nosotros nos quitamos el tabique nasal y ellos se lo ponen. Ziha también se ha rellenado los labios y sus uñas son autentico espectáculo del arte de la manicura porque lleva brillantes en ellas. Pero además de dormirse en clase, no hacer ni una sola tarea. No le hace falta aprender porque al ser rica cuando pide en los restaurantes señala con el dedo o le pide a su novia que le traduzca. A Ziha no le hace falta vivir porque tiene su propia vida. La que desconocemos que llevan algunos millonarios que permiten que sus hijos construyan una parte de la sociedad, realmente, perdida. Me gustaría volver a encontrarme con Ziha dentro de veinte años. Es, para mí, una auténtica curiosidad cómo se puede vivir en este mundo sin vivir en él.

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