Cuchillo sin filo

Francisco Correal

El abridor de Nefertiti

DOCE mil botellines de cerveza. Los que habré abierto con el abridor que me traje hace veintidós veranos de un crucero por el Nilo. Junto a las fotos que hice con la cámara de mi hermano Juan y un papiro que adorna el pasillo de mi casa, esta reliquia con la efigie de Nefertiti es lo que conservo de aquel viaje. Un recuerdo continuo, porque con la salvedad de ausencias y convalecencias, nunca falto al rito de la cerveza antes del almuerzo y de la cena. ¡Salve, Howard Carter! Una media de seiscientos botellines anuales que multiplicados por los años que pasaron desde mi paso triunfal por el Nilo y sus hermosos pueblos ribereños superan con creces las doce mil unidades. El escritor eslovaco Bohumil Hrabal medía su biografía cervecera en piscinas olímpicas.

El dato es una metáfora del carácter superlativo de los detalles. Son ellos, y no la macroeconomía, los que nos salvarán de la crisis. Benjamín García Soriano es un cura que fue párroco de los españoles que emigraron a París en los años sesenta. Hoy empieza un encierro muy gratificante en Corteconcepción, un pueblo de la sierra de Huelva donde se respira aire puro y los cochinos se intercambian blasones. Por un módico precio, impartirá un curso que ha titulado El sentido de mi vida. Esa serranía la recorrió en burro el cardenal Spínola en su apostolado. Antes de irse, el cura ha mandado a sus amigos por correo electrónico, como hace todas las semanas, una síntesis de la homilía semanal. El Domingo de Ramos evoca la entrada de Jesús en Jerusalén. Benjamín destaca que entró a lomos de un burro, "la cabalgadura de los pobres", cuando todos los reyes y poderosos entraban en caballo, "símbolo de la guerra". Ningún periódico sacaría hoy en su portada a un hombre llegando en burro a las puertas de Jerusalén. Qué poca cosa.

Pido un café en el bar Citroen, que fue pabellón de esta firma automovilística en la Exposición del 29. El camarero me da la vuelta que le correspondía al hombre que está a mi lado. "Perdón", le dice el camarero. "Está perdonado. Todos nos equivocamos". Billy Wilder le echó más literatura en Con faldas y a lo loco: "Nadie es perfecto". Frases como la del caballero que recuperaba su vuelta te reconcilian con el género humano. Nos salvarán las pequeñas cosas. El autobús de la línea 32 va lleno. En uno de los asientos, un octogenario de muy buen aspecto comparte charla con una señora de su generación. No quiero perturbar su anonimato y me contengo la emoción: es José Núñez Naranjo, presidente de aquel Betis que el 25 de junio de 1977 le ganó al Athletic de Iríbar y Rojo la primera Copa del Rey. Diez años después, me fui de crucero por el Nilo. Han pasado, se dice pronto, doce mil botellines de cerveza.

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