La ventana

Luis Carlos Peris

Un acto rancio y con ciertas dosis de sinceridad

COMO corresponde a su reconocida bonhomía, así, rodeado de afecto, es como se ha ido de la vida pública Manolo Román. Aunque su marcha se produjo hace meses, antier noche era cuando se oficializaba su adiós y tenía efecto, precisamente, en la víspera de la arribada de monseñor Asenjo a la Sede de San Isidoro. Casualidades de la vida, pero que iban a dificultar de tal forma la presencia en el acto del todavía titular de dicha Sede. Dicen que fue un acto pleno de rancia sevillanía y eso tiene peligro, pues en dicho tipo de convivencias hay mucha daga envuelta en el camuflaje de la palmada en la espalda. Ya se sabe que en el mundo de las cofradías abundan la celada y la sonrisa a media asta, pero, sin duda alguna, el adiós de Manolo Román tuvo enjundia y por momentos hasta parecía que había considerables dosis de sinceridad y franqueza en esa hora del hasta luego.

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