La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

En el adiós a Artacho y Lloréns

Sevilla debe pagar su deuda con esta familia salvando el Lloréns y dedicando una placa que recuerde su labor

Sevilla tiene una deuda contraída con la familia Artacho y Lloréns que se remonta a don Vicente Lloréns y prosigue con el recientemente fallecido don Fernando Artacho y Lloréns. Don Vicente fue una figura clave en la Sevilla de finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del XX: licenciado en Derecho y Filosofía y Letras, número uno en las oposiciones al Cuerpo de Archiveros, secretario general del Archivo de Indias, director de la Biblioteca Universitaria de Sevilla, periodista, fundador junto a Sales y Ferré del Ateneo, creador con José María Izquierdo de la Cabalgata, impulsor de numerosas iniciativas culturales y filantrópicas, y empresario teatral y cinematográfico que desde 1898 ofreció proyecciones en el San Fernando, el Novedades, el teatro de verano Eslava o el Cervantes y por fin en sus salas Lloréns e Imperial en calle Sierpes.

Por el Lloréns, también sala de conferencias y conciertos, pasaron Pardo Bazán, Unamuno, Rubinstein u Ortega y Gasset; y dio conciertos la Orquesta Bética de Cámara fundada por Falla y dirigida por Ernesto Halfter, celebrándose allí el estreno mundial de El retablo de maese Pedro, en marzo de 1923. Don Vicente trajo el sonoro a Sevilla, presentándolo en el Lloréns el 10 de enero de 1930 con Sombras blancas en los mares del Sur, de Van Dyke y Flaherty. Lo celebró el popular Don Cecilio de Triana -José García Rufino, abuelo de Carmen Sevilla- con esta coplilla: "¡Llegó el deseado momento! / ¡Ya hay aquí cine sonoro!/ ¡Qué prodigio!.. ¡Qué portento!/ Por toda Sevilla, a coro,/ como actualidad del día / se elogia el cine sonoro,/ único en Andalucía".

Falleció don Vicente al poco, el 3 de agosto de 1930, pero su legado cinematográfico vivió medio siglo más gracias a los Artacho y Lloréns con el esplendor de los cines Lloréns e Imperial desde la década de los 30 a 1982. Hablo de una parte fundamental de la historia del cine en Sevilla, desde los estrenos de Volando a Río de Janeiro, Ninotchka o , en el Lloréns en 1935, 1941 y 1943, a los de El Padrino o Taxi Driver en el Imperial en 1972 y 1977, pasando por los de Ben-Hur, en el segundo en 1961, o My Fair Lady en el primero en 1965.

Sevilla tiene fácil pagar esta deuda: salvar el Lloréns, cuya arquitectura neomudéjar de Espiau está intacta, y, por lo menos, poner una placa en calle Sierpes recordando lo mucho que por la cultura ha hecho esta familia.

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