La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

En el adiós al Gran Miguel de Huelva

Enrique Vila, en su radiofónica revista El Toreo, lo nombraba como el Gran Miguel de Huelva. Miguel era mayor que Julio, pero el decano de los toreros es Julio y no Miguel, pues el decanato lo dicta la alternativa y, aunque sólo veinte minutos antes, fue Julio quien recibió primero los trastos de manos de Cagancho. Fue cuando la rivalidad entre Miguel Litri y Julio Aparicio era la metadona que paliaba el síndrome de abstinencia por la muerte de Manolete. Aquel dúo fue el sostén de todas las ferias en aquella alborada de los cincuenta. Aparicio era la cabeza y Litri el indomable corazón que se iba a la otra punta del ruedo para citar a un toro que se le venía como un tren para poner aquello a revienta calderas. La última vez que toreó en Sevilla fue cogido y lo hizo en compañía de Rafael Peralta, con Ostos y Romero, más Franco en el palco, Feria de 1967. Descanse en paz.

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