Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El adiós de Navas y su punto de inflexión

PUNTO de inflexión, fin de ciclo, punto y aparte, se diga como se diga es incuestionable que en el Sevilla se está viviendo un cambio espectacular. No sé si para mejor o para peor, lo cierto es que la renovación que está produciéndose en su vestuario pregona a los cuatro vientos que vamos a ver un Sevilla distinto, diferente al que acarreó tanta plata y, por supuesto que esperamos que así sea, al que se movió tan perezosamente por la Liga.

Puede decirse que el acto de ayer en la ciudad deportiva para decirle adiós a Jesús Navas es lo que le pone énfasis a este punto y aparte. Con la marcha del prodigioso extremo palaciego ya no queda en el Sevilla un solo protagonista de aquel bienio mágico que arrancó con la llegada de gente como Palop, Kanoute y Luis Fabiano más la permanencia de Jesús, el hombre que descubrió Pablo Blanco una tarde lluviosa junto a las marismas regateando hasta los charcos.

Jesús Navas, al que sacó a escena Joaquín Caparrós una tarde de noviembre de 2003 en el Olímpico de Montjuïc en sustitución de Paco Gallardo, podría afirmarse que ha sido el futbolista más rentable en la historia del Sevilla. Rentabilidad que el club recibió en gran parte por la poca disposición del futbolista a salir de casa. Y casi diez años después de éxitos y una barbaridad de gloria, el jugador se va de su club del alma recibiendo el reconocimiento que merece.

Puede decirse que del gran Sevilla sólo queda Negredo, pero el vallecano no fue de la partida que tantísima plata trajo a Dato. Negredo sólo participó en la Copa del Rey que el Sevilla le ganó al Atlético en el Camp Nou y, aun considerando su importancia en el equipo, no tiene comparación alguna con lo que Navas significa en el mejor capítulo de la historia del Sevilla. ¿Notará mucho el Sevilla su ausencia ya definitiva? Seguramente sí, pero sin respiración no hay vida posible.

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