desde mi córner

Luis Carlos Peris

Un adiós que no augura bonanza

La marcha de José María Cruz deja un poso de inquietud por un futuro incierto para todo el fútbol en general

DIEZ años en una empresa es un tiempo adecuado como para dictaminar cómo fue su labor y éste es el caso de José María Cruz como uno de los cerebros que diseñaron el mejor Sevilla de la historia. Sevillista convencido, pero de los que no dejan que el corazón juegue contra el cerebro, llegó a la cúpula del club con tiempo suficiente como para que su padre pudiese vivir esa aventura. Que pocas alegrías se llevó en su vida el gran José María Cruz como la de ver a su hijo compartiendo el puente de mando de su club del alma con el hijo de otro amigo entrañable, también José María de nombre y también discípulo predilecto.

La marcha de Cruz del Sevilla podría encerrar tintes de futuro inquietante y con esto no quiero decir que su decisión tenga nada de abandono del barco en tiempo de tempestad. No es esa mi intención, pero conociendo al personaje, mucho me hubiese extrañado su marcha si el futuro del fútbol fuese más diáfano. José María ha acaparado muy poco el foco informativo en este decenio, pero cuando lo ha hecho se ha significado por llamar al pan por su nombre y al vino ídem de lienzo. Y siempre se le notaba un punto de pesimismo cuando miraba hacia delante, tanto cuando hablaba del reparto televisivo como de la alegría a la hora del gasto y no sólo el del Sevilla.

Me consta que a su amigo el presidente le ha tocado hondo esta marcha. El futuro en general y del Sevilla en particular es demasiado proceloso como para no sentir cerca la mano firme y serena de José María Cruz. Pero el tiempo no se para, mañana hay fútbol nuevamente, el Sevilla está dando muy buena imagen en el único escaparate válido, el de la media hectárea larga que ocupa una cancha, y no hay por qué descartar que los tambores de gloria vuelvan a sonar por Nervión. Dice Cruz que se ocupará de asesorías deportivas y es ésta una noticia que, en cierta medida, palía la mala de que se haya ido del fútbol el hombre que la echaba al suelo y derrochaba mesura.

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