Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

En el adiós a un segundo importantísimo

Se ha ido de puntillas José María Negrillo, el hombre fundamental para el éxito de Merkel

Hace un par de semanas nos dejó para siempre un hombre de fútbol que tuvo mucho predicamento y que se ha ido de puntillas de nuestro lado. Se trata de José María Negrillo, el brazo alargado de un austriaco que tenía en el idioma su único hándicap. Fue la aparición de ambos recién ascendido el Sevilla a Primera División, el Sevilla de José Ramón Cisneros en el palco, de Juan Arza en el banquillo y de Eloy Matute en la yerba.

Cisneros, de natural ambicioso, quiso encontrar en Max Merkel la plataforma para relanzar al Sevilla. Desconocido para el gran público, Maximilian Merkel se apoyó en un español que emigró a Alemania para buscarse la vida, que había hecho sus pinitos futbolísticos y que iba a constituirse en su mano derecha gracias a su dominio del alemán. Ese hombre era José María Negrillo, un hombre providencial en aquel resurgimiento del entonces Sevilla Club de Fútbol.

Y el Sevilla funcionó espléndidamente, convirtió el Sánchez Pizjuán en una especie de Huerto del Francés del que casi nadie salía por su pie y fue noticia nacional por sus métodos de entrenamiento. Unos métodos que funcionaron por la sencilla razón de que Negrillo sabía transmitir la letra y la música del mensaje de Míster Látigo. Y la importancia de Negrillo se confirmó dos años después, cuando Ernst Happel no contó con el intérprete que transmitiese como transmitía Negrillo.

Con Merkel se fue José María al Atlético de Madrid y ganaron la Liga, pero el austriaco selló su complicado carácter y salió mal que bien del Manzanares. Negrillo luego entrenó a equipos como el Burgos y el Tenerife, acabó en el Coria y raro era el día que no iba a la ciudad deportiva sevillista en compañía del gran Ramoní a ver entrenar a su equipo. Se ha ido sin hacer ruido, como si aún fuera el segundo de un Merkel que jamás hubiera triunfado en España sin Negrillo al lado.

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