La ventana

Luis Carlos Peris

Un adiós que sorprende y se comprende

OCURRE a veces, muchas veces, que los descendientes han de soportar el peso de una fama que no siempre se corresponde con la realidad. Es el caso de Eduardo Canorea como sucesor en el puente de mando de la plaza de toros de un hombre que siempre se distinguió por una generosidad poco rentable para la hacienda propia. Diodoro Canorea tenía ese desprendimiento que coloca una alfombra a tus pies, pero que no es positiva para el negocio. Le sucedió Eduardo y éste, quince años después de estar al frente de la Empresa Pagés, se va harto de estar harto. Sus problemas de salud no son lo suficientemente serios como para renunciar a su estatus de empresario importante, pero su forma de ser, tan distinta a la muy desprendida de su antecesor, le ha originado unos desencuentros que no siempre se han comprendido y de ahí el sorprendente adiós.

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