Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Con afecto al hijo de un amigo

La pretensión de Rafael Salas es tan legítima como rayana en la más inicua actitud desleal

Almoneda bética como colofón a una tristísima concatenación de atentados que han llenado de contenido verdiblanco la Feria. Como fue tan ridículo el papelón que el equipo recitó ante el Alavés cuando la fiesta era joven, en Heliópolis se tomó la sublime decisión de arriar la bandera ferial antes de izarla. Lógica decisión que, sin embargo, se convirtió en un caldo de cultivo adecuado para francotiradores, demás parientes y afectos.

No era lógico que hubiese exhibiciones feriales por gente que no ha cubierto las expectativas en los despachos o que han arrastrado casi todas las trece barras por las distintas yerbas de la Liga. No era cuestión de moverse entre vaharadas de alcohol al rebufo de un paisanaje que se dedicó al acoso, aún sin derribo, desde que todo esto echó a andar. Pero lo cierto es que este vacío se ha ocupado de una forma que sólo hace confirmar que la existencia del Betis es un milagro.

Conozco a Rafael Salas desde que iba de la mano de su padre y le tengo el mismo afecto que siempre le dispensé a su progenitor. Y ahora, sin la menor acritud, pero sin ocultar mi extrañeza, le digo que su comportamiento en estos días entra de lleno en lo desleal. Está en su perfecto derecho de optar a la más alta instancia que existe para un bético, la presidencia del, por siempre y para siempre, Real Betis Balompié, pero en la vida hay que observar ciertas reglas básicas.

Una de ellas es la de ser consecuente con uno mismo y si le apetece pelear por la presidencia del club que siente, lo primero que debe hacer es presentar la dimisión y alejarse de los que fueron sus compañeros. Pero permanecer en el cargo mientras se le da tres cuartos a los que no dejan de hostigar al Consejo del que aún forma parte no está bonito. Si la causa verdadera es ir contra el Pacto con el Diablo, ya tarda en alejarse lo más posible de él. Con todo mi afecto, Rafael.

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