editorial

La agonía del andalucismo

VÍCTIMA reiterada de su ambigüedad y sus errores, del acoso de los partidos mayoritarios y del desentendimiento creciente de los ciudadanos, el Partido Andalucista se dirige hacia un ocaso quizás definitivo. Después de dos legislaturas sin representación en el Parlamento andaluz y fuera de los ayuntamientos más importantes de la comunidad autónoma, le queda poco margen de maniobra para tener voz propia en una escena política de la que han ido desapareciendo sus planteamientos de organización de estricta y única obediencia andaluza y volcada hacia la autonomía plena de esta tierra. A cada desastre electoral ha respondido de la peor manera posible: profundizando en una división interna que ha sido casi una seña de identidad en muchas etapas de su historia. En el último, que le ha dejado sin un solo escaño en la Cámara que representa a los andaluces, no ha alterado esa constante. Convocado un nuevo congreso extraordinario, la secretaria general, Pilar González, ha acabado abandonando el partido con acusaciones de interferencia e incluso de "prácticas mafiosas" hacia el fundador del PA, Alejandro Rojas-Marcos, y recibiendo a la vez denuncias por su presunta intención de refundar la organización con criterios izquierdistas y ruptura con la tradición del nacionalismo. Lo cierto es que el congreso que se avecina parece destinado a un enroque que ya en el pasado se ha acreditado como negativo y a continuar la tradición de merma de militancia y, a la vez, escasa implantación en el tejido social andaluz. Sólo un milagro, infrecuente en política, podría saldar con éxito este nuevo proyecto de salvación de los restos del naufragio y, más aún, esta otra travesía del desierto que objetivamente se ve obligado a acometer. Si la debacle se confirmara en los próximos meses, Andalucía perdería en pluralismo y la comunidad autónoma se vería privada de la aportación de una formación que hizo mucho por dotar al pueblo andaluz de conciencia de sí mismo en momentos decisivos de su historia última.

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