Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

La alfombra roja

EN la crisis desatada en el Gobierno andaluz por el episodio de la Corrala Utopía quien sale ganando, a pesar de dejarse algunos pelos en la gatera, es Susana Díaz. Ha manejado la situación con habilidad: ha salvado los muebles y además le saca rendimiento político y, por qué no decirlo, también personal. Ha ganado por muchas razones, pero por tres especialmente significativas para sus planes de futuro: primero, porque ha dado un golpe de autoridad que refuerza aún más su imagen pública y lo ha dado con el argumento incuestionable de la defensa de la legalidad frente al abuso y el trato de favor a los desalojados propiciado por el radicalismo de IU; segundo, porque la debilidad en la que queda el pacto le permite manejar el calendario electoral a su conveniencia, aprovechar su buen momento político e impedir que en el PP se configure una alternativa ilusionante para el amplio sector del electorado andaluz que rechaza a los socialistas y que durante los dos últimos años ha estado huérfano de un liderazgo digno de ese nombre; y tercero, y no lo menos importante, porque enseñándole los dientes a IU se reafirma en su apuesta por conquistar espacios de centro. Susana Díaz sabe que el PSOE tiene muy difícil crecer por la izquierda y que para ser el partido más votado en Andalucía no tiene más opción que moderar su discurso y reconquistar una amplia franja de las clases medias que en los comicios de 2012 le dio la espalda, por razones diversas, al muy moderado José Antonio Griñán.

La torpeza de IU le ha puesto a Susana Díaz una alfombra roja, nunca mejor dicho, para que la presidenta se consolide como la dirigente socialista que es ya el referente nacional de su partido. A la Susana que hemos visto actuar esta semana -en el caso de la Corrala, pero también en el acuerdo con Zoido para los terrenos de Altadis- la Izquierda Unida que representa la consejera Elena Cortés e incluso el coordinador general Antonio Maíllo le es tan ajena, si no más, como el Partido Popular que puede representar Juan Manuel Moreno. Antes o después soltará ese lastre.

En la irrupción de Juan Manuel Moreno está, sin duda, una de las claves de lo que pasa en la escena política andaluza y en la forma de actuar de la presidenta. El líder del PP andaluz, en las pocas semanas que lleva actuando como tal, ha demostrado que no es un advenedizo, que ha llegado dispuesto a quedarse hasta conseguir su objetivo de desalojar a los socialistas de San Telmo y que sabe de política y la vive con tanta intensidad como Susana Díaz. La presidenta es consciente de que ya no está frente a un Zoido renuente y con escasa pasión por la Junta. Rajoy ha vuelto a demostrar su fino instinto político designando a una persona que tiene sólo dos desventajas coyunturales: su no presencia en el Parlamento y su enorme desconocimiento por parte de la ciudadanía andaluza. Y esa son las dos cartas que va a jugar la presidenta de la Junta para impedir que cuaje. Ésas y el adelanto electoral.

La única duda que tiene Susana Díaz es la fecha. Pero la estrategia la tiene clara y su paseo por la alfombra roja, perfectamente diseñado.

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