Crónica Personal

La amiga alemana

Tras su decisión sobre Siria en España se la empezó a ver como una gobernante con sólidos principios morales

Dentro de dos semanas, Angela Merkel recibirá en el monasterio de Yuste el Premio Europeo Carlos V, que le entregará el rey Felipe. Un galardón del máximo prestigio, que tienen entre otros Helmut Köhl, Gorbachov, Simone Veil, Sampaio y Felipe González, Javier Solana y Marcelino Oreja. Merkel no puede tener mejor despedida española. España pierde a una gran amiga. Dura, no se deja convencer con las buenas palabras sino con los hechos. Sólo así se gana su respeto y su afecto, como bien saben Zapatero, Rajoy y Sánchez.

Zapatero vivió momentos muy tensos con Merkel, sufrió sus críticas cuando no tomó las decisiones que exigía Bruselas. Cuando finalmente, en 2010, Zapatero asumió que no tenía otra salida y aprobó medidas que le obligaron a adelantar elecciones sabiendo que ponía en bandeja el triunfo del PP porque la situación económica y de empleo era desastrosa, Merkel le agradeció públicamente esa apuesta por Europa y por España, pero que llevaba a su partido a la oposición.

Tampoco Rajoy lo tuvo fácil. Un déficit mayor del que había anunciado el Gobierno saliente le impedía asumir los compromisos del Pacto de Estabilidad de la UE. Tuvo a Merkel enfrente, exigente como siempre y disconforme con la decisión de Rajoy de no pedir el rescate. Al advertirse las primeras consecuencias de las política de Rajoy y el cumplimiento de los acuerdos de la UE, Merkel reconoció el esfuerzo y se visualizó el nuevo clima de las relaciones con una imagen que se reprodujo en toda Europa: recorrieron juntos un tramo del Camino de Santiago que culminaron con una copiosa comida gallega.

Ese tipo de escenas no se ha producido entre la canciller y Pedro Sánchez, pero se llevan bien y simpatizan mutuamente. En lo político, se notan las reticencias de la canciller hacia determinadas medidas económicas y fiscales del Gobierno español. Ni en Berlín ni en Bruselas olvidan que el Gobierno español es el único de la UE con ministros comunistas, y además Sánchez les ha hecho cesiones en el plano económico y en un asunto que Bruselas sigue de cerca: la independencia judicial.

Merkel cae bien a los españoles, no sólo a sus presidentes. No ocurrió al principio de su mandato, excesivamente estricta, excesivamente dura, excesivamente insensible a los problemas de los países mediterráneos. Todo cambió cuando, en plena crisis migratoria por la guerra civil de Siria y la cerrazón de la UE para acoger a la marea de refugiados, Merkel abrió las puertas de Alemania. Le costó protestas en la calle, pérdida de votos, voces adversas en su partido y críticas en Europa. Pero en España se la empezó a ver como una gobernante con sólidos principios morales.

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