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La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

¿Dos años de Covid?

La vacuna llegará pero ni será mágica ni estará exenta de riesgos. Lo que toca es convivir con el virus

Se supone que el mensaje de la OMS era positivo: si sumamos esfuerzos y tomamos medidas realmente efectivas, la pandemia del coronavirus estará superada "en menos de dos años". Lo dijo hace unos días su director mostrando su optimismo en poder derrotar el Covid antes de lo que costó detener la gripe de 1918... ¿Pero dos años son mucho o poco? Porque la travesía del desierto no está siendo fácil: tres meses de confinamiento, un complejo proceso de desescalada que ha puesto a prueba los resortes de las instituciones y un verano de rebrotes que está obligando a dar continuos pasos atrás.

En el medio año que llevamos de pandemia, no hay análisis de expertos ni opinión de barra de bar que no haya establecido un punto clave en el calendario: hasta que llegue la vacuna. ¿Pero será una solución?

Desde China y Rusia presumen de los avances con demasiadas dudas sobre la solidez de sus programas, la OMS tiene contabilizadas ¡hasta 167! y hay tres grandes farmacéuticas con perspectivas de tenerlas a comienzos del 2021: la de Oxford, la de Moderna y la de BioNTech con el laboratorio Pfizer.

El primer pero lo tenemos ya: la guerra por la distribución, dónde llegará primero y qué países tendrán más músculo -dinero y logística- para inmunizar a su población. De momento, todos la queremos... El segundo estadio, el de la efectividad, es toda una incógnita aunque hay cierto consenso científico en que no lo será cien por cien: biológicamente, es poco probable que ofrezca una protección completa, lo que se conoce como "inmunidad estirilizante". Es decir, ayudará en la batalla pero no acabará con el virus.

En la tercera fase entramos todos: dependerá de lo dispuestos que estemos los ciudadanos a asumir (más) riesgos. ¿Hemos pensado en las contraindicaciones y en los efectos secundarios? Porque si hay una realidad sobre la que no hay duda es de que no habrá tiempo de minimizarlos; no cuando cualquier desarrollo de vacuna se consolida en un plazo de 10 años. ¿A qué amenazas nos enfrentamos? ¿Será obligatoria? Porque, cuando esté disponible, sólo marcará el comienzo de otra cuesta lenta y dolorosa donde los dos años de la OMS parecen un aperitivo.

Lo que toca, con y sin vacuna, es aprender a convivir con el virus; preguntarnos a qué renunciamos de nuestro día a día para (supuestamente) protegernos y qué nivel de exposición estamos dispuestos a asumir para no seguir tirando a la papelera hojas del calendario.

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