Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Todo aparenta progresar adecuadamente

PARA distinguir entre un buen entrenador y uno mediocre, o menos bueno, sólo hay que constatar que el equipo juega como él quiere o no. También hay constancia de que un entrenador sea bueno en un sitio y mediocre en otro, que ejemplos de éstos los hay manojitos desde que el fútbol es fútbol. A Miguel Muñoz, el técnico más laureado de la historia, lo echaron del Sevilla tras una eliminación de Copa ominosa y una derrota con el Hércules.

Iriondo llevó al Betis a campeonar en la primera Copa del Rey y a Segunda División al año siguiente. Happel llegó a un Sevilla en Segunda con la vitola de entrenador de lujo continental y aquí duró tres meses, un poco más de lo que duró Cantatore en el Betis tras haber triunfado en el Sevilla. Quiere decirse con todo esto que hasta que no se palpen y vean los balances no hay forma de discernir si un entrenador es competente o incompetente, sabio o desmañado.

Y en este verano que entra en su apogeo me quedo con los discursos de los dos entrenadores que manejarán el fútbol según Sevilla. Decía Cantatore, uno de los más listos que vi con chándal y silbato, que en fútbol prometer es de embusteros. Es tanta la carga azarosa de tan hermoso invento que cualquier casualidad es capaz de reventar la causalidad de un trabajo pensado y coherentemente realizado. Por lo tanto me gusta que las falsas promesas estén faltando a lista.

Mientras Sampaoli arrampla con otro argentino más, Poyet prefiere esperar primeras opciones que fichar por fichar. El primero, plagado de medias puntas con talento, ve cómo le han hecho un traje a su medida. El charrúa que patroneará al Betis echa en falta centímetros y consistencia en el espinazo del equipo, pero ni mete prisas ni le lanza darditos al director deportivo. Todo parece caminar debidamente en ambas aceras cuando la hora de la verdad está ahí mismo.

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