La ciudad y los días

carlos / colón

Se aplaude lo obvio

EN coincidencia con el PP y UPyD, el PSOE de González, Zapatero y Rubalcaba se está mostrando como el partido nacional con sentido del Estado -esa responsabilidad histórica que además de gestionar el presente tiene en cuenta la repercusión de sus acciones en el futuro- en el que tantos millones de votantes confían como representante de una izquierda socialdemócrata europea y moderna. Un partido que ha gobernado y tarde o temprano volverá a hacerlo, si no cede a las presiones internas radicales de momento minoritarias, sin arrastrar el país a aventuras que comprometan lo tan duramente ganado por todos en los últimos 34 años.

Es importante subrayar que los logros democráticos obtenidos -con todos los problemas de descrédito de los partidos, erosión de las instituciones o corrupción que se quiera- han sido obra de todos los españoles. Por eso nadie tiene derecho a comprometerlos invocando su particular preferencia. Y mucho menos una minoría, por numerosa que fuere, que pretenda saltarse el ordenamiento constitucional para hacer reales sus fantasías, caprichos, prejuicios, obsesiones o incluso legítimas aspiraciones. Que ganen las elecciones, obtengan la mayoría suficiente, sigan los cauces establecidos y cambien lo que les apetezca cambiar. Porque si siguen este camino, que es el único respetuoso con la legalidad vigente, es que habrían obtenido ese respaldo de la mayoría de los españoles que de momento están muy lejos de obtener.

En este sentido es tranquilizador oír que la ascendente Susana Díaz, tras conocerse la abdicación, mostrara su "más firme confianza en España, en su sistema democrático y en sus instituciones" porque "están previstos todos los mecanismos de sucesión en la Constitución, con plena garantía de estabilidad". Y que ayer mismo añadiera: "Defiendo el Estado de Derecho y la Constitución"

A un inglés le debe sonar a chino que se aplauda que los políticos de una democracia manifiesten su apoyo al Estado de Derecho y la Constitución. Pero es que entre nosotros no faltan los fanáticos oportunistas (nacionalistas o no) que afirman que esto no es una democracia; y los más o menos disimulados totalitarios dispuestos a saltarse las leyes y atacar (no reformar cumpliendo los requisitos establecidos: atacar) la Constitución. Por eso aquí aplaudimos esta obviedad de que haya más defensores.

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