Las apuestas, otro cuento

También se habló del miedo a que la ludopatía y el juego afecten a los barrios más pobres de Sevilla

Entre las propuestas que planteó el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos estaba el control de las casas de apuestas para acabar con la ludopatía. Otro cuento chino, como se ha visto después. Alberto Garzón (ese ministro que puede con todo porque no sirve para nada) se erigió en el paladín del combate contra el juego que azota a la juventud, y bla, bla, bla. Se sabía, desde el principio, que iba de postureo. Basta con ver los partidos de la recuperada Liga. En los descansos, casi toda la publicidad en televisión se dedica a casas de apuestas y coches (privados, por supuesto, nada de transporte público). En lo referido a las apuestas, los mismos locutores y comentaristas hacen publicidad y aconsejan, a ver quién pica. Esos partidos televisados los ven jóvenes y niños, que saben quiénes son esos presentadores y presentadoras que los animan a jugar. Eso sí, con responsabilidad...

En Sevilla, antes del coronavirus, en diciembre de 2019, la Gerencia de Urbanismo decidió vetar durante un año la apertura de nuevas casas de apuestas. El delegado del Hábitat Urbano y otras materias, Antonio Muñoz, dijo entonces que en Sevilla ya había unos 80 locales. Desde 2014 a 2019 concedieron 51 licencias, por lo que la mayor parte fueron otorgadas por los mismos que las frenaban durante un año, hasta diciembre de 2020.

Sobre el mapa de locales de apuestas en Sevilla se ha especulado bastante. Hay en la calle Sierpes y otras del centro-centro, también en Triana, Los Remedios o Nervión. Pero el Ayuntamiento trató expresamente de la regulación en barrios como Amate, Palmete, Padre Pío, Polígono Norte, El Cerezo y el Polígono Sur que visitaron los Reyes. Es decir, que también se habló del miedo a que la ludopatía y el juego afecten a los barrios más pobres. Y el peligro de los locales junto a los colegios y los institutos. Casualmente, se busca a los sectores sociales más sensibles al juego fácil.

Alberto Garzón reconoció que durante el confinamiento (como no se podía jugar presencial) aumentaron las apuestas on line en gran cuantía. Es decir, que en el estado de alarma teletrabajaban las apuestas. Y, como no había fútbol, les dio por el póquer y los casinos en internet. El Gobierno prohibió la publicidad de esas apuestas durante un periodo del estado de alarma, excepto de madrugada. Según fuentes del sector, a partir de ahí sufrieron pérdidas de un 80% y aumentaron las ilegales.

Pero, tranquilos, que ha vuelto el fútbol. Juegan partidos todos los días, hasta el 20 de julio. Es el Mes Fantástico para las casas de apuestas. Y ahí siguen, forrándose. Para la ludopatía también llegan tarde.

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