Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Con las apuestas, otra vez bajo sospecha

DEBERÍA la autoridad tomar cartas en el asunto y meterse en la tarea de corregir la deriva que lleva el fútbol respecto a la fiebre ludópata que va invadiéndolo. En tiempos del imperio se esperaba a rellenar la quiniela al nombramiento de árbitros. Se dividían éstos en halcones y palomas, lo que quiere decir que si te tocaba una paloma fuera de casa no ganabas ni con ayuda de los geos; todo lo contrario que si te lo designaban para turno local.

Aquello era una especie de statu quo con lo que, mal que bien, se convivía. Era la vieja conseja de que lo que te quitan llega el día en que te lo devuelven, que es una manera bondadosa de encarar la podredumbre. Con Guruceta o Enríquez Negreira fuera se hacía muy posible puntuar, pero si el designado era Borrás del Barrio resultaba complicado ni siquiera soñar con un aumento en la cuenta de positivos. Aquello pasó a mejor vida y creíamos que se había solucionado.

Pero el fútbol, ese juguete que parece hecho de material indestructible, no puede, por lo visto, dejar de estar bajo sospecha y ahora se ve contaminado por las apuestas. Apuestas que ya dejaron su tarjeta de visita en el Calcio y otras competiciones de prosapia y que ahora se destapa que han entrado de lleno para la contaminación de la que fuese denominada años atrás como mejor Liga del Mundo y que fue en el 96 coincidiendo con la llegada del maná televisivo.

Se desconoce qué tiempo llevan las apuestas emponzoñando el fútbol español, pero ahora ha surgido la punta de un iceberg que deseamos no sea demasiado voluminoso. Con un reciente Racing-Hércules se ha abierto la caja de los truenos y vamos a ver cómo acaba esto. Y es que amañar que el que va a perder por tres goles se vaya ganando al descanso es ya demasiado para el body. Esperemos que todo se aclare y que el fútbol aguante más, un poquito más, pero ¿hasta cuándo?

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